
Por Nahuel Gomez
Envuelta en un vestido casi tan blanco Ala como su piel, Luludot Viento (aka “la Rusa”) vende entradas en la puerta del pub palermitano Águila Marquee (Gorriti 5813) desde temprano. Charla con los asistentes, saluda a los amigos. Se muestra serena. Algo quieta. Siendo casi la medianoche —después de la presentación de los muchachos de Menem y antes de que Paula Maffia suba con La Cosa Mostra—, Julián Desbats (aka “El Ruso”) en guitarra y voz, Santi Mazzanti en bajo y Flor Mazzone en batería pisan el escenario junto a Luludot (voz y teclados) para presentarse como Los Rusos Hijos de Puta. En ronda se arengan, como en la previa de cualquier juego de equipo. Y a partir de eso, se comen la cancha.
Los Rusos son de lo que no hay. En esencia, se muestran como un manifiesto anti-shoegaze: lejos están de interpretar canciones susurrando y con la cabeza mirando a sus pies. Prefieren generar una onda expansiva que golpee del principio al infinito. Encaran al que los oye con la frescura del movimiento sónico noventoso; la libertad inmediata de la pepa y esa energía que nos dejó el punk. Todo en ellos es para afuera.
Julián agita, se tira al suelo cuando el ruido orgásmico de su guitarra lo pide. Calzas rojas, remera naranja con calaveras y una actitud punkrockera que te escupe en la cara: así viste de nuevo a Luludot. La rubia salta y hace pogo con el público. Lo mira fijamente, eleva su voz hasta desgarrarla y le pone fichas al juego de la seducción. Sólo están sintiendo el rock, ¿pero cuánto hacía que eso no pasaba? ¿Qué lugar ocupan las bandas explosivas en el indie hoy? ¿Alguien puede pensar en Iggy & The Stooges?
Unos cuantos gritos salvajes de la blonda salvan al público del hastío que provoca la calurosa noche de este jueves de noviembre y con ellos da inicio a “Castaneda”, un buen guiño a las andanzas chamánicas del antropólogo e ídolo yonki, Carlos Castaneda. “Es un viaje:/ serpiente soy, águila fly./ Nubes bajan,/ todo despierto, sensacional”, canta Luludot con los ojos bien abiertos y la mirada perdida. Desbats narra la historia de “Carmelo” y continúa con la lírica lisérgica: “Te acordás, Carmelo, cuando estábamos de pepa”, irrumpe junto a una línea de bajo. “Hi-jos deputa, hi-jos deputa”, corea la barra enardecida de Los Rusos, mientras el grupo irrumpe con el tema en el que Luludot confiesa que le gusta mucho una nena: “Fancy”. Sigue el sonido western de “Me caen todos mal menos mi novio”. Culmina esta parte y la frontwoman pide a los gritos que suban las luces azules para hacer sonar una tanda de cinco temas inéditos.
En el primero, calman a las fieras con un inicio algo más pop y lento que lo que venían haciendo; en el segundo viran hacia la psicodelia, en la que los teclados de la rubia predominan; y finalizan el set de canciones no incluidas en Hola —primer y único EP de la banda, lanzado en febrero de este año— con tres canciones más rabiosas, guitarra de Desbats al mando. A esta altura, lo de estos hijos de puta gusta mucho, es excitante; tanto que Paula Maffia, escabullida entre el público, les grita: “Me los cojo a todos”.
“Somos todos bebés adentro de un útero re caluroso”, dice Desbats para dar pie a los primeros acordes de una versión al palo de “Tu mami”, ¿el hit? de la banda. El video del tema es un mini éxito en la web. En él se puede ver a la vocalista corriendo y saltando semidesnuda en lo que parece ser un desierto. Tan “polémico” y “provocador” como para que YouTube te pregunte si tenés 18 años antes de ponerle play. ¿Un homenaje a “Tu papi no me quiere” de Los Brujos? Quizás. La influencia de los de Claypole, y de la movida sónica en general, es clave en muchas bandas de las que hoy componen el mapa alterno nacional y parece también estar presente en ése y otros temas de Los Rusos.