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«pesco en busca del momento de paz»

shaman herrera

A Shaman Herrera lo apasiona la pesca. El cantante y guitarrista de Shaman & Los Pilares de la Creación, que acaba de editar Sueño real, un disco excelente que se posiciona como una de las mejores producciones nacionales de 2015, le contó NAN cómo son los preparativos para lanzar la caña en búsqueda del gran salmón del sur.

 

—¿Cuándo comenzó tu pasión por la pesca?
—Surgió por herencia familiar. Cuando era muy chico, mi viejo se fue para el lado de las montañas de Comodoro Rivadavia (Chubut) y arrancó con el tema de la pesca. Primero se la pasó a mis hermanos y después a mí. Así que de chico salgo a pescar y me gusta mucho. En realidad, la pesca es un relajo, una desconexión, una especie de mantra. Lo que importa es estar rodeado de paisaje, naturaleza, y no tanto de “pescar algo”.

 

—¿Se te ocurren canciones en la soledad de la pesca?
—No sé si canciones específicamente, pero es un momento en el que la mente está en un estado de suspensión. Sirve para acomodar las ideas. Podés sacar ideas como en cualquier estado de contemplación, y a veces salen cosas buenas. Ir a pescar es como desfragmentar el disco.

 

—¿Y cómo te interesó la pesca del salmón en particular?
—Me gusta la pesca de lago, río y agua dulce. En realidad voy por ese lado porque siempre me interesó estar rodeado de árboles y encontrar senderos ocultos que te lleven a lugares donde no va a pescar nadie. Ahí tenés más posibilidades de sacar algo bueno. Lo que me gusta de la pesca de lago es que estás permanentemente en contacto con la naturaleza. El sonido del agua corriendo es relajante. Me gusta la Patagonia por esos detalles.

 

—¿Hay algo reconfortante en esa experiencia?
—Lo reconfortante es comer el pescado que sacás del agua. Tiene que ver con algo que nos precede, con algo “primitivo”. Algunos tienen su huerta y a otros les gusta atrapar el animal y hacerlo a la parrilla.

 

—Si bien en tus canciones no hay referencias claras a la pesca, hay otras cosas de las que sí hablás, como las montañas, los ríos, los bosques, el viaje.
—Sí, en todas mis canciones están esos elementos. Quizás no está la pesca, pero es la actividad que voy a realizar a esos lugares. En mi música veo más reflejado el paisaje y el acomodamiento de ideas. Quizás tendría que hacer una canción sobre la pesca.

 

—¿Cuándo fue la última vez que fuiste a pescar?
—Voy casi todos los veranos, siempre por la zona de Trevelin, el Parque Nacional Los Alerces y Río Pico, más al sur. Trato de hacerme una escapadita todos los años.

 

—¿Cuál es tu equipo de pesca?
—Tengo una caña y un reel Spinning. Esta caña tiene un señuelo que al moverse hace las veces de pescadito y los peces piensan “uh, me voy a comer a este guachín”. Y, bueno, ahí los cagás. También tengo un chaleco en el que cuelgo las cucharas, otro reel, tanza de más por si se me corta y una guía de nudos. Después, en la casa de mis viejos, en la Patagonia, tengo otro equipo pero de pesca con mosca. Ese es otro tipo de caña y otro tipo de reel que lleva una tanza mucho más gruesa y una mosca hecha de tela y algodón. El señuelo flota, lo traés muy despacito simulando ser una mosca que está chapoteando, y ahí pica el bicho.

 

Fotografía: Verónica Sarrió
Fotografía: Verónica Sarrió

—¿Qué te ofrece la pesca que la música no?
—Son cosas muy distintas, pero la pesca principalmente me hace no pensar. La música es un trabajo intelectual en el que uno tiene que sopesar cosas, es otro tipo de laburo. La pesca es una automatización, una especie de piloto automático, una actividad mucho más pasiva.

 

—Muchos dicen que ir a pescar es aburrido. ¿Te aburrís?
—No, jamás. Tampoco voy en busca de diversión. La pesca es relax. No tiene que ver con estar con alguien y pasarla bien, tiene que ver con estar solo. Voy en busca del momento de paz. A veces estoy tres horas sin sacar nada pero me encanta.

 

—¿La pesca siempre es con fines deportivos o lo hacés también para alimentarte?
—Siempre trato de devolver, pero si saco un pescado bueno y de gran tamaño, me lo como. Pesco muchas veces con anzuelo sin rebaba para lastimar lo menos posible al bicho y hacer una devolución más saludable. Algunos te dicen: “¿Lo sacás, lo lastimás y lo devolvés? No, llevátelo”. Si fuera por eso no habría más peces, ¡si hay cada depredador!

 

—¿Cómo te gusta cocinar el pescado?
—Me gusta mucho el salmón a la parrilla y al horno a los cuatro quesos. También queda muy sabroso a la cacerola con papas hervidas, aceite de oliva y pimentón. Otra variante es al estilo oriental, con salsa de soja.

 

—El salmón se usa para el sushi. ¿Te gusta?
—No me gusta tanto, pero igual lo morfo si es lo que hay.

 

—Christophe Krywonis, jurado de MasterChef Argentina, aseguró que el salmón, por su crianza, es menos saludable que una hamburguesa.
—La crianza del salmón es jodida. Jodida porque le dan alimento balanceado a base de pescado. Entonces se comen a sí mismos, son caníbales. Cuando voy a una pescadería en Buenos Aires no compro salmón porque son todos los que están en criaderos y los engordan mal. Pido animales de río, como el pejerrey o la merluza. Si voy a Comodoro, como truchas que sacó mi viejo, salmón pescado por uno, que es más natural que comprarlo en una pescadería. Tiene un sabor mucho más rico.

 

—En Sueño real, la libertad es un concepto que aparece repetidas veces. ¿Cuando vas a pescar sentís algo parecido a la libertad?
—Sí, totalmente. La libertad es un estado mental. En el momento de estar ahí con la caña uno se saca toda la mochila del año. Por eso siempre relacioné esta pasión con el verano y la desconexión. En esos momentos uno piensa menos, es más pasivo y se encuentra en un estado de meditación plena. Esa libertad tiene que ver muchas veces con la paz.

 

—¿Recordás alguna anécdota que te haya marcado practicando esta actividad?
—Una vez fuimos con una expedición a Puerto Cisnes (Chile) y la lancha que nos llevaba se metió entre los fiordos donde desembocan todos los ríos. En esa parte, en la base de la cordillera, hay muchos salmones que se meten en el mar para aparearse y vuelven otra vez a los ríos para desahogar y tener a sus cachorritos. Fuimos a una desembocadura donde estaban subiendo los que habían ido de joda al mar. Aprovechamos esa situación y empezamos a sacar bichos de entre cuatro y cinco kilos. Fue una tarde muy emocionante porque saqué cinco o seis truchas. En un momento, tiré y enganchó uno que me rompió el reel. Vimos salir el lomo y debía pesar más de trece kilos. Para poder pescar uno de esos tenés que luchar entre dos o tres horas. Increíble.