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Taller extensivo de resistencia cultural.-

Los docentes de 36 centros barriales de la Ciudad de Buenos Aires, encargados de llevar adelante los talleres gratuitos ofrecidos por el Programa Cultural en Barrios, levantan su voz con la esperanza de que el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, escuche el reclamo por el vaciamiento en los cursos, la precarización laboral y la reducción de espacios para los vecinos. Una tarea que transformó la enseñanza en una militancia por la cultura. 
Por Nicolás Sagaian
Fotografía gentileza de Centros en Lucha
Buenos Aires, abril 11 (Agencia NAN-2012).- La Ciudad de Buenos Aires es uno de los distritos más ricos del país. Tiene un PBI per cápita de 30.185 dólares, según el Ministerio de Hacienda, un presupuesto anual, para este año, por un monto superior a los 32.705 millones de pesos; así y todo, se achica: busca “reducir gastos”, intenta cerrar cursos en escuelas públicas, veta iniciativas a más no poder, como la ley de reconocimiento a la actividad musical, y, por si eso fuera poco, empuja a la agonía a propuestas tan históricas como significativas, sea en el área que sea. La muestra testigo está en el “vaciamiento” del Programa Cultural en Barrios y de los Circuitos de Espacios Culturales. Al menos, así lo denuncian profesores, auxiliares y estudiantes del plan dependiente de la Dirección General de Promoción Cultural del Ministerio de Cultura. El reclamo no es nuevo, viene de larga data, pero durante la gestión del jefe de gobierno Mauricio Macri recrudeció. Los trabajadores de los 36 centros barriales, distribuidos en toda la ciudad, exigen insumos para el correcto funcionamiento de los talleres y cursos de formación, la recomposición salarial de sus sueldos, el pase a planta permanente, la inclusión al estatuto docente y una plan político-cultural para los más de mil talleres, con la participación de docentes, alumnos y organizaciones barriales. Por el momento, las respuestas oficiales son todas evasivas. “No hay un proyecto en materia de cultura”, resalta la delegada del colectivo cultural, María Sol Copley, en diálogo con Agencia NAN.
En los últimos días, los movimientos de Cultura fueron puros amagues. Como ya es una costumbre de la cartera comandada por Hernán Lombardi, en principio adujeron ponerse a “trabajar en el tema” -justo antes de un enorme festival organizado por los integrantes de los espacios en conflicto en la puerta de la Casa de la Cultura-, pero luego, la única propuesta que apareció formalmente fue el Decreto 155, por el cual los docentes recibirían un pago de 139 pesos por hora cátedra, retroactivos a febrero. Este aumento es el mismo para todos, incluso para los coordinadores y promotores, en su mayoría empleados municipales ligados a la gestión PRO. “De todas maneras no hay fecha cierta de cobro. En mayo, quizá, con suerte, puede que empecemos a recibir algo, pero está todo en veremos a esta altura”, sostiene Andrés Shabazian, docente de música. Frente a esto, desde el área de coordinación general del programa no quisieron dar mayores precisiones ni publicar una circular con el anuncio. Es que, si sucede eso, deberían poner plazos para cumplir con estos compromisos y los tiempos no son tan claros en el gobierno de la Ciudad, más si hay plata de por medio. A mediados de marzo, por ejemplo, muchos trabajadores todavía no habían recibido el sueldo correspondiente a enero. El panorama no se modificó ni siquiera con la amenaza de interrumpir las clases ante a la falta constante de soluciones de parte de los funcionarios responsables.
Esto se repite año a año. De hecho sucede pese al paso de los sucesivos gobiernos. Los motivos se relacionan con el tipo de contrato que tienen los talleristas y formadores, que son recontratados cada 12 meses. “Somos trabajadores temporarios, no cobramos antigüedad ni plus, cobramos mucho menos que un docente escolar y la mitad que un auxiliar de limpieza en planta”, asegura Copley, que se desempeña en el Macedonio Fernández, de Mataderos; y el Osvaldo Pugliese, de Villa Crespo. Para colmo, el trámite de contratación no es inmediato, recién comienza a realizarse en febrero. Entonces, una vez avanzado el año, los trabajadores no tienen la seguridad de estar incluidos nuevamente en la nómina para dar clases. En total, sufren esta incertidumbre alrededor de 490 profesores. Dentro del programa sólo unos 300 se encuentran en planta permanente para capacitar a 40 mil personas en danza, plástica, teatro, cine, acrobacia, música, canto, periodismo y otros tantos talleres totalmente gratuitos. Así, la continuidad de las clases depende de la tolerancia y dedicación de los docentes; y, claro está, de los humores políticos del Ministerio de Cultura que deja cerrar talleres como espacios para tocar.
El Programa Cultural en Barrios surgió en 1984 con cursos en apenas dos centros culturales. Su espíritu es interesante: “promueve y fomenta de manera gratuita el acceso a bienes y a servicios culturales de todos los habitantes de la Ciudad”. Pero del dicho al hecho…el trecho es largo, y pueden perderse cosas en el camino. Así, pese al crecimiento constante durante más de dos décadas y media, el proyecto de trabajo –teniendo en cuenta las necesidades de cada uno de los barrios– nunca llegó. De hecho, durante 2008 corrieron riesgo de desaparecer casi el 60 por ciento de los talleres, algo que fue resistido por los docentes. “Pareciera que están esperando que todo se caiga por decantación. Por esto, entre otras cosas, desde hace tres años se repiten renuncias, que ya casi afectaron al 50 por ciento del plantel docente. En mis 12 años dentro del programa he visto la salida de profesores de calidad y trayectoria”, comenta Copley. Lo que sucede es que la mayoría de los profesores tiene otras actividades o trabajan en diversos espacios. Y, ante la necesidad de parar la olla todos los días, tienen que elegir otras posibilidades, por ejemplo ponerse a trabajar en el ámbito de educación formal, en una escuela pública, privada o hasta en instituto.
“Los que defendemos estos espacios públicos lo hacemos como una cuestión de militancia”, dicen. Resisten como pueden. Sin los materiales necesarios y sólo con las ganas de enseñar. Un ejemplo: como las licitaciones que hace el Gobierno cada dos años para comprar insumos no alcanzan, ni involucran los elementos esenciales (equipos de audio, instrumentos, colchonetas, pelotas para hacer malabares, entre otros), los integrantes tienen que hacer colectas entre todos para conseguir lo que falta. “Lo mismo sucede con las clases. Si alguien renuncia, las horas se dan de baja. Y es muy difícil conseguir horas nuevas. Un nuevo taller tiene que pedirlo el coordinador del espacio y esto puede tener una respuesta en cinco años como puede no tenerla nunca”, marca la historiadora. “No hay intención de ampliarse, sino de mantener todo así como está”, concluye.
Con este panorama, en el colectivo planean avanzar en nuevas medidas. Mañana por la noche delegados y docentes planean reunirse en una nueva asamblea para analizar distintas propuestas: las ideas más fuertes tienen que ver con concretar otro festival en la calle como el del 26 de marzo pasado, la realización de un debate colectivo en frente de la Casa de la Cultura o incluso forzar un encuentro con Hernán Lombardi, que no los recibe desde 2009. “No podemos quedarnos quietos, porque esto también perjudica a los estudiantes”, aclara Shabazian. En el caso de poder concretar esa reunión, más allá de los reclamos laborales, los delegados llevarían ideas para fortalecer el programa. “Es simple, hay que avanzar en un relevamiento, para ver cómo está cada centro cultural, qué llegada tiene al barrio, qué actividades necesita la gente, cuáles no están, cuáles se deberían brindar, toda una serie de aspectos que nunca se tuvieron en cuenta”, resalta Copley con la esperanza de avanzar aunque sea algunos pasos. Está claro: con ganas, se puede.