Con el arte como “dispositivo revolucionario”, el Frente de Artistas del Borda organiza desde 1989 el Festival y Congreso Latinoamericano de Artistas Internados y Externados de Hospitales Psiquiátricos “Una puerta a la libertad”, cuya décima edición tendrá lugar en Mar del Plata del 13 al 17 de octubre. “La idea es abrir el foco de acción a otros grupos que aún no se animan a dar el paso y a los que todavía no dan bola”, explicó Alberto Sava, coordinador del FAB. Fotografía gentileza de Pablo Piovano (Página12)
Buenos Aires, octubre 9 (Agencia NAN-2009).- Para los integrantes del Frente de Artistas del Borda (FAB), la próxima semana será un “combo de festejos”. No sólo porque el lunes inaugurarán la décima edición del Festival y Congreso Latinoamericano de Artistas Internados y Externados de Hospitales Psiquiátricos, sino que además cumplirán 20 años de su primer intento de reunir experiencias artísticas que trabajan la problemática de los pacientes psiquiátricos encerrados y 25 de la creación del colectivo impulsor de la propuesta e iniciador y referente de la lucha por la desmanicomialización en el país. En un momento propicio para aminorar el paso, mirar hacia atrás y evaluar el camino recorrido, el coordinador del FAB, Alberto Sava, reconoció que la agrupación “creció muchísimo pero no demasiado”. “Crecer demasiado hubiera sido lograr el cierre de un manicomio”, estimó en diálogo con Agencia NAN. Aún en ese búsqueda, el Complejo Cultural Radio City Roxy, en Mar del Plata, cedió sus escenarios para que los más de 400 externados –al menos, durante el festival– puedan mostrar al público sus quehaceres artísticos en 25 espectáculos: obras de teatro, proyecciones de cine documental, muestras de literatura, pintura, escultura y cerámica, danza y canto.
“La idea es concentrar la atención en esta clase de experiencias artísticas y darlas a conocer pero también abrir el foco de acción a otros grupos que están interesados pero aún no se animan a dar el paso. Y a los que todavía no dan bola”, explicó Sava respecto del objetivo del festival, que fue organizado en colaboración con la Red Argentina de Arte y Salud Mental y bajo el auspicio de la Secretaría de Turismo, el Instituto Nacional del Teatro, la CTA y la Universidad Nacional de General Pueyrredón. ¿De qué clase de experiencias artísticas habla el coordinador del Frente? Pues, de aquellas que, con la sola fuerza del arte, se animan a derrumbar los gruesos muros de una institución psiquiátrica para “liberar” a quienes permanecen allí encerrados. “El arte es la mejor herramienta para reconstruir aquello inherente al ser humano que un manicomio aniquila, dinamita: la capacidad que tienen los pacientes de pensar, sentir, hacer y desear. Todo eso se recupera en el momento en que se inicia un proceso creador dentro de un grupo de trabajo con un proyecto en el horizonte cercano y con miras a mostrarlo afuera”, amplió. Tal es la estructura que sostiene cada espectáculo que participará del festival, desde el 13 al 17 de octubre.
El único requisito que deben cumplir las obras y piezas artísticas para ser parte del festival es ser creadas por pacientes de hospitales psiquiátricos de gestión estatal. Así, además de los integrantes del FAB, desfilarán por los escenarios los integrantes del Centro de Promoción Social, de Mar del Plata; los de la Unidad Neuropsiquiátrica Penitenciaria Melchor Romero, de La Plata; las mujeres del hospital Braulio Moyano; los pacientes del hospital de salud mental Miguel Ragone, de Salta; los de la Casa de Medio Camino, de Chaco; y los de otras instituciones de la ciudad de Buenos Aires, Santiago del Estero, Neuquén y Entre Ríos.
No obstante, ni las obras de teatro, proyecciones cinematográficas, piezas de danza y expresión corporal, ni los recitales de poesía y espacios corales, y tampoco las emisiones radiales, las exposiciones de obras plásticas, esculturas y cerámica deben girar en torno a la problemática del encierro en manicomios o la locura. “Hay de todo. Algunas obras de contenidos simples y directos, otras más abstractas y modernas, con discursos más y menos complejos. El hecho de estar, de participar en el ciclo, es de por sí un acto de militancia en la lucha por la desmanicomialización y una apuesta a esa visión”, confirmó el coordinador.
“Una puerta a la libertad” sigue siendo el nombre del encuentro. El mismo con el que los integrantes del FAB lo bautizaron en 1989 cuando irrumpieron en la escena artística de la ciudad de Buenos Aires y con el que lo pasearon por Misiones, Córdoba y Mar del Plata, donde llegaron “para quedarse”. La premisa, sencilla y directa, logra poner en palabras eso que les pasa a los pacientes psiquiátricos cuando crean: “Es lo mejor que les puede suceder. Se transforman, gozan de algo que nunca les sucedió o que sintieron hace muchos años y olvidaron: vivir. Pasan de lo siniestro a lo maravilloso. Respiran, sienten, se expresan. Vuelven a ser”, graficó Sava.
Es cada dos años cuando los pacientes y coordinadores de las experiencias artísticas se reúnen, escenarios de por medio, con el público, “para crecer como artistas y como personas pero también para trasmitir el sentido de la desmanicomialización a la sociedad, explicar de qué se trata, profundizar esta visión y pensar alternativas juntos”, sostuvo el integrante de la FAB. La respuesta del público es “maravillosa, tanto en cantidad como en posición frente a la problemática”. El tema tendrá una presencia particularmente fuerte en las mesas de debate que se darán en la semana, con la palabra de internados, médicos especializados, coordinadores de talleres y experiencias de otros países del continente que adscriben a la desmanicomialización.
El colectivo del Borda es el referente artístico nacional de la iniciativa que busca modificar el sistema de atención a la salud mental a través de la abolición de los manicomios, instituciones que “sobreagregan padecimiento” a los pacientes, pues allí son “sometidos a la pérdida de identidad, la fragmentación de lazos sociales y afectivos, el arrasamiento de sus deseos, la privación de su intimidad y el menoscabo de sus derechos civiles y políticos”, enumeró Sava. En ese camino, el arte es un «dispositivo de cambio revolucionario» que cumple con tres potentes efectos: “Uno personal, ya que reconvierte a la persona en sujeto de derechos, cuando el manicomio las vuelve objetos. Otro, institucional, porque permite llevar el adentro del psiquiátrico, hasta ese momento invisible, hacia el afuera, a través de las denuncias de sus víctimas. Y el último, social: en la medida en que el arte sale, se muestra y lo hace la persona internada, la gente que recibe ese mensaje modifica su postura con respecto a la locura”, aseguró.