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Un mural de color hasta el fondo del mar.-

Muralistas egresados de la Escuela Municipal de Arte de Necochea se pusieron al servicio de un boceto de una artista plástica bonaerense y le dieron forma, entre todos pero con la ayuda de colegas de mayor experiencia, al mural más grande que haya albergado Argentina y uno de los más extensos del mundo, con más de mil metros cuadrados cubiertos de una expresión plástica que se moviliza para sorprender a la gente en su trajín cotidiano, se escabulle entre los cuerpos que pasean por Puerto Quequén y se interna en el frío mar.

Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de “Arte Puerto”

Necochea, Buenos Aires, diciembre 19 (Agencia NAN-2008).‑ Necochea no termina de definirse. Una indecisión histórica la mantiene en una especie de limbo entre los gigantes conglomerados turísticos como Mar del Plata y los pueblos que se contentan y viven con la paz que genera el sólo hecho de mojar sus orillas en el Mar Argentino. Al igual que aquel monstruo que se levanta a menos de cien kilómetros, Necochea cuenta con un puerto, el de Quequén, aunque «viva dándole la espalda», como lamenta el director de la Escuela Municipal de Arte de Necochea (EMAN), Pablo Benedini. En ese lugar nace la escollera, un muro de cemento de 180 metros de largo que se anima a penetrar el frío mar, donde un equipo de artistas liderado por la muralista Jaquelina Abraham pintó el más grande del país y uno de los más grandes del mundo. La obra está terminada, pero será inaugurada oficialmente a fines de la semana próxima.

La iniciativa, bautizada por la EMAN «Arte puerto», forma parte de una serie de intervenciones artísticas que los alumnos, profesores y egresados de la escuela, junto con artistas invitados, comenzaron a realizar a principios de año. En realidad, la idea general es responder a la eterna parsimonia que Necochea demostró desde los inicios de su historia jugándose, de una vez por todas, a crecer con un rumbo definido.

Esa realidad «acabó con la paciencia de algunos artistas nacidos» allí, sostuvo Benedini. Fue entonces que decidieron poner sus pinceles en remojo, afilar la punta de sus lápices, afinar sus instrumentos musicales y usar su arte como herramienta principal para convertir a su pueblo natal en «el polo turístico cultural de la provincia de Buenos Aires».

En este caso, la zona portuaria de la ciudad es la que recibirá el mayor impacto, un espacio «ninguneado» por la sociedad necochense. El horizonte del proyecto fue convertir la escollera que allí nace en un lienzo gigante y rígido, de 180 metros de largo por casi seis de alto, donde un artista elegido a través de un concurso nacional organizado por el área de Cultura del Gobierno bonaerense pintaría una obra mural de más de mil metros cuadrados.

Quien se plantó al mando del timón para guiar la nave a destino fue la muralista Jacqueline Abraham, elegida entre más de 50 especialistas en esa disciplina. Durante cinco semanas, junto con un equipo de ayudantes –uno convocado por ella y cinco egresados de la EMAN, además de artistas invitados– trabajaron siete horas diarias para vestir al cemento color hormigón del «morro» de la escollera, como lo llaman los lugareños, en una obra inmensa donde se funden los colores fríos del mar con los cálidos de la tierra y las figuras del puerto como nexo entre ambos espacios. “Es como un choque térmico», explicó Abraham.

«La obra tiene que ver con una transformación. Desde cualquier extremo que se comience a caminar por la pasarela (escollera) se va a observar cómo la escena va transformándose”, se entusiasmó. Luego, reflexionó por unos instantes: “Es verdad que existen tantas lecturas como personas se paren delante de la obra, pero una explicación posible, la mía, es la que la plantea como un nexo entre la producción y el trabajo del hombre y la naturaleza del mar».

Abraham, que aunque nació en Monte Hermoso –otro balneario bonaerense– y reconoció una «presencia muy fuerte del mar» en su vida, asumió que la temática del puerto fue para ella «algo distinto», habló con orgullo de su creación e insistió en la “excelente” experiencia de trabajar en equipo. “Lo de los chicos fue genial. Ellos trabajaron sobre la obra de otra persona y ni siquiera formaron parte de la producción del boceto. Eso es muy difícil, pero funcionamos bárbaro. Captaron enseguida lo que quería y se movieron en base a eso”, añadió.

La iniciativa contó con el apoyo del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén. Luego, a aquel beneplácito se sumó el de organismos estatales como el Instituto Cultural y el Ministerio de Asuntos Agrarios y Producción de la provincia. Sin embargo, la primera llama se encendió paredes adentro de la EMAN, como parte integrante –aunque no principal– de una misión a gran escala: convertir la escuela en una herramienta alfabetizadora de arte para toda la sociedad.

“Surgió desde una necesidad de infectar a la sociedad de contenido artístico. Un ser formado dentro del arte no solo adquiere más incentivo en lo creativo y la expresión, sino también en el pensamiento. El arte es un gran disparador del pensamiento”, planteó Benedini. Entendido así, lo más fácil de imaginar es que la estrategia para llevar el plan a cabo consistió en seducir e impulsar a la gente hacia el arte, escondido en un lugar estático, sagrado.

Pero no. Los alumnos, profesores y artistas egresados de la escuela pensaron las cosas exactamente de la manera contraria: que sea el arte el que se movilice, el que sorprenda a la gente en su trajín cotidiano, se escabulla entre sus cuerpos sin darles demasiado lugar para elegir. Algo así expuso la muralista al momento de definir al arte público: “Todos están condenados a la obra, en este caso al mural. Es algo cuyo alcance es infinito porque todo el mundo lo va a ver. Les guste o no, va a estar ahí”.

El mural de la escollera portuaria es el cuarto objetivo de esta misión con aires de utopía que varios artistas de Necochea se cargaron sobre sus hombros, cuyo primer paso fue tomar por asalto colectivos de línea en horarios pico y realizar intervenciones artísticas a bordo del transporte. “Tres o cuatro artistas subían al colectivo y lo convertían en galerías de arte, exhibían fotos o repartían cuentos en los asientos para que los pasajeros lean durante su viaje. En otros, los mismos artistas narraban historias breves o tocaban canciones y se bajaban, al estilo del vendedor ambulante”, recordó el director de la escuela. Hicieron algo así cuando se cumplió un aniversario más de la ciudad, donde las intervenciones tenían como eje a su historia. Otra iniciativa en proceso es plasmar en forma de retrato fileteado en las paradas de colectivo a los personajes necochenses más emblemáticos, elegidos por los votos de los habitantes. “El primer retrato será el de ‘Caballito’, un conocidísimo vendedor de diarios de la ciudad”, adelantó.

Si bien el mural ya está terminado y la gente de la ciudad pudo ver todo el proceso de su pintura, la inauguración oficial tendrá lugar, en principio, el jueves o el viernes próximos. La fecha se definirá según la disponibilidad del gobernador bonaerense, Daniel Scioli, y de la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández. “Prometieron estar, pero están tan ocupados que no supieron decir cuándo aún”, aclaró Bendini. La obra plástica más extensa que se haya hecho en el país los espera, reposando sus pies en el mar.