/Archivo

Versus Suiza

AMESSI_ENTRADA
#Mundial2014 ¿Cuántos grados de separación hay entre postales perfectas? El gol de Di María con pase del Mejor de Todos filtreó con la gran historia futbolera. Fotografía: Télam

Por Hernán Panessi

“Metela, por favor, Dios”, fue el pedido —temeroso, devocional— de unos 40 millones. Esto significa por lo menos dos cosas: que el Dios que mueve la cabeza que mueve el pie que mueve la pelota que lleva Lío Messi la meta o, directamente, que Lío Messi la meta. Lo cierto —y por eso terrenal pero no menos fantástico— es que hubo algo de la gambeta del Diego y la vacuna del Cani en el gol de Ángel Di María a Suiza. Aquéllo, por caso, es suficiente para creer en la épica del azar pero mucho más en la certeza de quien hace la diferencia. Esa corrida letal de Lío Messi cuando el partido se moría amerita una visita al cardiólogo o unos cuantos “Padre Nuestro”. La postal: quite de Palacio oficiando como volante, Higuaín se lleva la marca, Messi gambetea a dos y la mete en profundidad para Angelito. Minuto 118 y el gol, tras esa jugada del Mejor de Todos, puso a la Argentina en cuartos de final. Es curioso porque, a pesar de la épica deportiva, con ese gol agónico el dramatismo se tuvo que quemar como un bonzo que se suicida de nervios. La puñalada del gol significó, también, el subrayar una dependencia: Messi es el motor del equipo. Sin él, la Argentina, este Mundial, el fútbol serían distintos. Su cuerpo —cuerpo posthumano y cibernético— encarnó la voluntad de la victoria. Su capacidad implacable de abstraerse ante las presiones de los desafíos lo hace decir presente en las buenas y en las no tanto. Y, al mismo tiempo, cuando eso ocurre, impregnarlo todo de una fuerza celestial. Lionel, una vez más, fue uno de los mejores en cancha. Maradona, tal vez un poco celoso, dijo que “había jugadores que sobraban a la Selección”. Habló bien de Mascherano, algo de Messi. Y El Mejor de Todos sigue en la búsqueda de la perfección con una concentración y una energía dignas de una máquina perfecta. Por eso, el “fútbol total” se entroniza en esas piernas —posthumanas y cibernéticas— que se develan, asimismo, con la sinergia del talento, las buenas ideas y el impulso empíreo. Se habla de rivales débiles pero que, al finalizar el partido, resultaban una murga. Y a Messi, que cada vez es más artista que futbolista, que no salió de ninguna PlayStation pero tal vez sí de otro planeta, le debemos el seguir adelante. Y también la aparición de ese agujero negro imposible que junta —terrenal y fantásticamente— el gol de Ángel Di María y el pase en profundidad del 10, con la gambeta del Diego y la vacuna del Cani.