El sábado pasado poetas locales, una fotógrafa de NaN, el trío Sus hijas y el legendario Shaman ofrecieron un encuentro íntimo con el arte emergente en La Casita de Temperley.
Por Colectivo NaN
Fotografías Antonella Casanova
Buenos Aires, octubre 22 (Agencia NaN 2013).- Comenzar una fiesta de arte con poemas sintéticos es propio de un Guerrero. Y el poeta Rubén Guerrero, que este sábado lanza su libro No transpira, blandió sus versos como haikus afilados para abrir la FestiNaNdel sábado pasado en La Casita de Temperley, para la presentación del nuevo número –el 14– de la Revista NaN. “Hoy soñé / que tenía un gato / en las manos. / Que era nublado / y estaba baldío”, recitó el joven de barba frondosa y sonrisa presta, quien se bancó con estoicismo la dura tarea inaugural y hasta se permitió adelantar líneas de su próximo libro.
Como de costumbre en las FestiNaN, fueron varios los poetas. A Guerrero lo sucedió la jovencísima Clarisa Aioki, quien recitó sobre estremecimientos en la ducha, sobre sensaciones milongueras y otros aspectos de su mundo. Aioki –formada, entre otros lados, en la Biblioteca Nacional– construye su mundo poético a partir de sensaciones y descripciones y propone al lector (oyente nanero) que imagine el devenir de la acción desde la sucesión de sentimientos.
El cierre poético estuvo a cargo de una suerte de afiladísima performance que ejercieron a dúo Juan Ignacio Sapia –colaborador de la agencia y la revista– y su cófrade Federico Ezequiel Ferreira. La dupla se ganó rápidamente la atención del público contando cuántas cosas se pueden hacer con una mano, mientras con la otra uno se masturba (muchísimas, resulta ser, aunque debe hacer falta cierta práctica) y conmovieron con el recorrido burocrático-vital que atraviesa a la sociedad: papeles para esto, papeles para aquello, papeles para lo demás, y papeles para certificar que todos los anteriores papeles son válidos.
Antes de la parte musical, plato fuerte de la velada, los concurrentes a La Casita pudieron disfrutar la muestra de fotos de Antonella Casanova. La fotógrafa de Villa Crespo también es colaboradora del proyecto y responsable de las imágenes que acompañan esta crónica. Casanova se caracteriza por trabajar muy bien las perspectivas y puntos de fuga y acentuar la distinción figura-fondo a partir de sucesivos desenfoques. Cuando retrata, además, separa al modelo del mundo circundante, destacándolo en su unicidad.
Pasada la medianoche, Sus Hijas (Sofía Corley, María Belén Padilla y Eugenia Pezimburu) subieron al escenario del local de Temperley para actuar frente a un público que no les es ajeno. El simbiótico trío de Adrogué encuentra en el público nanero un auditorio ideal para sus canciones, y regalaron una decena de esas composiciones delicadas y llenas de melancolías. Dulces y también oscuras, las chicas exploraron universos íntimos acompañados de arreglos de voces simples pero ingeniosos, sin barroquismos.
Finalmente, Shaman Herrera presentó su guitarra mágica y generó un clima incomporable. La presencia de su figura, la de su voz llena de cuerpo, la de su ser lleno de voces que estremecieron a los asistentes desde que sonaron las primeras canciones. Parado sólo con su instrumento en las manos, rasgueó con firmeza y cantó con la seguridad y el vértigo que genera su impronta milenaria. Así, el platense desparramó emociones de todo tipo. El clímax ocurrió cuando el cantautor invitó al trío del Conurbano para cantar “La niebla”, una bella pieza creada junto a su grupo anterior, Los hombres en llamas, que se tiñó de nuevos matices sonoros con la incorporación de Sus Hijas. Finalmente, el músico y productor continuó con algunos temas en solitario y concluyó una velada mágica. Dicen los que lo vieron salir que voló atravesando el cosmos en un Fiat 147.



