Un clásico de la literatura argentina que, tras la muerte en 1997 de su autor, sigue desapareciendo de los stands de las librerías. Una narranción ficcionada de los años anteriores al golpe militar de 1976 que, con momentos de humor negro, pocos adjetivos y lenguaje coloquial, pone de manifiesto los conflictos hacia dentro del peronismo y adelanta momentos de clandestinidad y exilio.
Por Esteban Vera
Buenos Aires, febrero 14 (Agencia NAN-2009).- «Se fue un escritor de los que ya no quedan en la literatura nacional.” Con esas palabras, Adolfo Bioy Casares despidió, 12 años atrás, al escritor y periodista Osvaldo Soriano (1943-1997) con una entrevista homenaje. Pero pese al reconocimiento de varios de sus pares, la Academia siempre ninguneó al “Gordo”. Más allá de este rechazo del establishment literario, fue un gran narrador y el último gran best seller vernáculo: sus libros vendían decenas de miles de ejemplares, tanto que en 1995 la editorial Norma desembolsó medio millón de dólares para adquirir su firma y los derechos de sus crónicas periodísticas (tal vez la más emblemática sea aquella sobre el caso Robledo Puch, publicada por primera vez en el diario La Opinión) y novelas, como No habrá más penas ni olvido, reeditada por última vez en 2007. Agencia NAN rescata, entonces, esa breve novela para homenajear al artista, para poner su granito de arena, para que algún lector se acerque a su obra, ante el olvido actual de los libros de este autor, que siguen desapareciendo de los stands de las librerías tras su muerte.
Con momentos de humor negro e irónico notables, pocos adjetivos, enunciados cortos, lenguaje coloquial, Soriano narró en esta novela el enfrentamiento interno del peronismo en el preludio al golpe militar de 1976. La historia transcurre en Colonia Vela (un pequeño pueblo ubicado cerca de Tandil, que vuelve a aparecer en su siguiente historia, Cuarteles de invierno), durante el tercer y último gobierno del presidente Juan Domingo Perón, “líder” que unos y otros se disputaron a balazos y a gritos de “Viva Perón” y “Perón o muerte”. En fin, peronistas de izquierda (la Juventud Peronista y Montoneros) enfrentados con peronistas de derecha (de la estructura partidaria y la CGT).
“–Tenés infiltrados –dijo el comisario.” A partir de esa afirmación, Soriano construye la trama. En el pueblo, la disputa de ambas corrientes comienza con las acusaciones de “bolches”, “marxistas” y “comunistas” hacia un delegado (Ignacio) y un empleado municipal (Mateo).
–¿Qué pasa, don Ignacio?
–Dicen que somos bolches.
–¿Bolches? ¿Cómo bolches? Pero yo siempre fui peronista…, nunca me metí en política.
Los acusados se atrincheran en el edificio comunal, pero finalmente son derrotados a balazos. El delegado es capturado. Los que lo defendieron son brutalmente acribillados. Al mismo tiempo, el comisario es aprisionado por la izquierda. “Ustedes están locos. Me parece que si las cosas siguen así va a venir el ejército”, le dice un periodista a un militante revolucionario. “Nosotros también creemos lo mismo”, coincide él.
Ante ese escenario, el intendente pide ayuda al Ejército y dos aliados de Ignacio escapan en una avioneta. Quizá una metáfora del exilio ante el peligro inminente de la represión de los militares y el comienzo de la dictadura. Metáfora que el propio Soriano corporizaría luego, cargando sus historias hacia otras tierras.
Si bien la novela fue publicada por primera vez en el exterior en 1978, fue escrita dos años antes del golpe, en 1974. Recién en 1982 fue editada en el país. La obra, cuyo título refiere al tango “Mi Buenos Aires querido”, de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera (1934), fue traducida al inglés, francés, italiano, alemán, portugués, sueco, noruego, holandés y checo, entre otros.