La escritora y dramaturga, autora de la reconocida saga Caídos del mapa, repasa la escena infantil y juvenil. “La construcción del lenguaje favorece o no a que los chicos se acerquen a un texto.”
Por Soledad Arréguez Manozzo
Fotografía: gentileza de M.I.F.
Buenos Aires, octubre 18 (Agencia NaN–2013).-No importa cómo comienza ni cómo termina. Como si se tratara de un pasaje solo de ida, lo esencial está en el camino a recorrer. La pasión por lectura puede iniciar en la viñeta de una historieta sobre superhéroes, atravesar un abanico de revistas hasta llegar a la tapa dura de una novela clásica. “Lo bueno es leer, no importa qué lean o por dónde empiecen a conocer la literatura. Si te hacen lectores, después van a hacer su propio camino”, asegura María Inés Falconi, escritora y dramaturga argentina, autora de la saga Caídos de Mapa que sabe captar la atención de sus lectores desde hace más de 15 años. Este año, la historia de la pandilla de Paula, Graciela, Fede y Fabián llegó al cine. En diálogo con Agencia NaN, la escritora remarca que “es imposible escribir para chicos si uno no tiene contacto directo, ya que no se puede escribir desde el escritorio”. La fórmula de las historias para los adolescentes parece estar en un conocimiento de su mundo y vivencias, para poder dar cuenta de ese particular momento de la vida que atraviesan. La clave está en poder contar historias, con un lenguaje familiar para los jóvenes, como una invitación a sumergirse en la literatura.
–¿Qué particularidades hay en la literatura para jóvenes y adolescentes?
–Hay muchos escritores y lectores. No es lo mismo escribir para chicos que para adultos. Cada uno con sus intereses, su lenguaje, su nivel madurativo. Cada autor tiene su estilo. Me gusta escribir historias sobre ellos, su vida, sus conflictos, sus expectativas. No hay que hablarles con un lenguaje infantil ni tampoco demasiado adulto. La construcción del lenguaje favorece o no a que los chicos se acerquen a un texto. Si nos ponemos en literatos, en vez de acercarlos por la calidad, los alejamos. Cuando les cuesta leer lo que están leyendo, les genera una dificultad mayor de acceso al libro y ahí rechaza.
–Hay muchos escritores y lectores. No es lo mismo escribir para chicos que para adultos. Cada uno con sus intereses, su lenguaje, su nivel madurativo. Cada autor tiene su estilo. Me gusta escribir historias sobre ellos, su vida, sus conflictos, sus expectativas. No hay que hablarles con un lenguaje infantil ni tampoco demasiado adulto. La construcción del lenguaje favorece o no a que los chicos se acerquen a un texto. Si nos ponemos en literatos, en vez de acercarlos por la calidad, los alejamos. Cuando les cuesta leer lo que están leyendo, les genera una dificultad mayor de acceso al libro y ahí rechaza.
–Para escribir sobre ellos, entonces hay que conocerlos…
–Estoy en permanente contacto con adolescentes y chicos. Estoy convencida que es imposible escribir para chicos si uno no tiene contacto directo. No se puede escribir desde el escritorio sino termino escribiendo sobre mi adolescencia que fue hace muchos años (risas). Me gusta tratar de ver el mundo desde su punto de vista, no del mío, del de los adultos, de la experiencia.
–Estoy en permanente contacto con adolescentes y chicos. Estoy convencida que es imposible escribir para chicos si uno no tiene contacto directo. No se puede escribir desde el escritorio sino termino escribiendo sobre mi adolescencia que fue hace muchos años (risas). Me gusta tratar de ver el mundo desde su punto de vista, no del mío, del de los adultos, de la experiencia.
–¿Cómo conviven estas lecturas con los cuentos “clásicos” en la escuela?
–La tarea de la escuela hay que dividirla. Por una parte, la lectura por placer, es decir la escuela como promotora de lectores. Ahí tienen que leer lo que les guste, porque si no no se forma el lector. La otra parte es más de contenidos, que necesariamente hay que leer. Creo que tienen que ir de forma paralela. No se puede confundir que El Cid Campeador es formación de lectura, es cultura general. Es complejo para el docente, no a todos los chicos les gustan los mismos libros. Todo lo que venga por imposición, genera rechazo en la adolescencia.
–La tarea de la escuela hay que dividirla. Por una parte, la lectura por placer, es decir la escuela como promotora de lectores. Ahí tienen que leer lo que les guste, porque si no no se forma el lector. La otra parte es más de contenidos, que necesariamente hay que leer. Creo que tienen que ir de forma paralela. No se puede confundir que El Cid Campeador es formación de lectura, es cultura general. Es complejo para el docente, no a todos los chicos les gustan los mismos libros. Todo lo que venga por imposición, genera rechazo en la adolescencia.
–Habría que repensar los “clásicos”…
–Adapté muchos clásicos para jóvenes, encontrando el humor como una puerta de entrada, para alivianar el lenguaje, utilizando muchas veces parte del original. Siempre funcionó muy bien.
–Adapté muchos clásicos para jóvenes, encontrando el humor como una puerta de entrada, para alivianar el lenguaje, utilizando muchas veces parte del original. Siempre funcionó muy bien.
–¿Encontrás dificultad en los jóvenes para acercarse a la lectura?
–Me parece que es un mito más que una realidad. Creo que los chicos leen bastante más de lo que creemos. En general, el que rechaza un libro es porque tiene dificultades en la comprensión de texto o la mecánica de la lectura, no los rechaza por las historias.
–Me parece que es un mito más que una realidad. Creo que los chicos leen bastante más de lo que creemos. En general, el que rechaza un libro es porque tiene dificultades en la comprensión de texto o la mecánica de la lectura, no los rechaza por las historias.
–Pantallas, auriculares, celulares inteligentes, velocidad, conexión permanente, ¿cuánto influyen las nuevas tecnologías en la prácticas del lenguaje de los adolescentes?
–Considero que influyen para bien. Los chicos pueden comunicar algo que leyeron de forma masiva. No creo que compitan: que porque haya más tecnología, hay menos lectura. A los que les gusta leer tienen tiempo para las dos cosas. Si no les gusta, no lo haría por más que no tuvieran la tecnología. Todavía el libro el electrónico no está extendido entre los chicos. Supongo que llevará más tiempo, porque el uso que hacen los chicos es más para comunicarse o buscar material de la escuela.
–¿Qué balance podes de la escena literaria para jóvenes?
–Hay muchísima producción en literatura para adolescentes: hay mayor variedad, mayor posibilidad de elección. La producción genera movimiento y competencia, todas las editoriales tiene su colección para adolescentes. Me parece que para que sea una literatura honesta, tiene que ser honesto consigo mismo. No se trata de escribir porque está de moda, sino desde la expectativa de uno como escritor y la de los chicos como lectores.
–Sin embargo, no sucede lo mismo con el teatro…
–Para mí, es un problema económico. Como la gente no está acostumbrada a que haya teatro para esa edad, la gente no va, y como no va, no se hace teatro. Se empieza a producir un círculo. Hay que tratar de romperlo, presentar propuestas de teatro para preadolescentes.
–Para mí, es un problema económico. Como la gente no está acostumbrada a que haya teatro para esa edad, la gente no va, y como no va, no se hace teatro. Se empieza a producir un círculo. Hay que tratar de romperlo, presentar propuestas de teatro para preadolescentes.
Una pandilla famosa
Paula, Graciela, Fede y Fabián siempre se meten en problemas que resultan en grandes aventuras. Después de casi veinte años, las peripecias de los personajes de Caídos del Mapa, saga juvenil de María Inés Falconi, saltaron a la pantalla grande. “Si bien un libro y una película difieren, es una película hecha con seriedad y calidad, desde la búsqueda de los actores, los escenarios, la imagen”, cuenta la escritora, que se encargó de armar la adaptación del guión del largometraje.
–¿Te esperabas el fenómeno que provocó la película?
–Tuvieron mucha paciencia, ya que se había anunciado hace mucho. Tenía la percepción de que esperaban la película, pero su entusiasmo fue más de lo que esperaba. Nos sorprendió la presentación de la película en la Feria del Libro, ya que cuando llegamos, la mitad de la gente quedó afuera.
–Tuvieron mucha paciencia, ya que se había anunciado hace mucho. Tenía la percepción de que esperaban la película, pero su entusiasmo fue más de lo que esperaba. Nos sorprendió la presentación de la película en la Feria del Libro, ya que cuando llegamos, la mitad de la gente quedó afuera.
–Después de diez libros, varias generaciones siguieron la historia de la pandilla de amigos, ¿por qué crees que se logró mantener en el tiempo?
–La historia toca situaciones muy reconocibles, que son muy nuestras y que realmente les pasa en los chicos: las amistades, el primer amor, las peleas, el vínculo con los adultos. Si bien cambian las tecnologías y la sociedad, en el ser humano todo esto pasa en la adolescencia, de ahora y de hace 15 años.
–La historia toca situaciones muy reconocibles, que son muy nuestras y que realmente les pasa en los chicos: las amistades, el primer amor, las peleas, el vínculo con los adultos. Si bien cambian las tecnologías y la sociedad, en el ser humano todo esto pasa en la adolescencia, de ahora y de hace 15 años.
— ¿Cambian los lectores con el paso del tiempo?
–Sí, cuando salió Caídos del mapa (1995) era una novela para chicos de 12 años, y ahora lo leen desde los 9. Me llamó la atención que bajó el momento de comenzar con la lectura larga, y además de comprender la problemática.
