Con la conjunción del tango, el folklore y la danza contemporánea, la coreógrafa Giuliana Rosetti sale por primera vez del circuito tradicional con una apuesta que, pese a todo, no logra romper con las formulas repetidas del mainstream.
Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de prensa
Buenos Aires, marzo 12 (Agencia NAN – 2013).- La independencia (o la búsqueda de) es un concepto que incluye un abanico grande de intenciones. Tan generoso puede ser que abarca a propuestas como la obra de danza Abrázame, que pasea por los circuitos que prometen liberación —aunque algunos ostenten exclusividad— tan solo porque su creadora, la coreógrafa Giuliana Rosetti, decidió no presentarlo en aquellos que marcan el camino a seguir de lo dado, lo dicho, lo que debe ser.
Porque sí, Abrázame (sábados a las 21 en el teatro Hasta Trilce) se presentó en sociedad como la primera apuesta de la reconocida bailarina contemporánea en solitario, sin respaldo alguno. Absolutamente independiente, aseguraron los medios también así autocalificados previo a su flamante estreno, en diciembre del año pasado. Lo es, de hecho. La primera apuesta independiente de Rossetti que, sin embargo, no rompe en absoluto con las estructuras, las reglas y los tips que mandan en el mundo de la danza mainstream, esa que enseña desde la rigidez a no salirse de la raya bajo la advertencia del “no ser”. Abrázame no es ruptura, búsqueda o experimentación. Sino una bella obra de danza contemporánea que brilla por la perfección con la que cumple cada uno de los parámetros del mainstream.
En su reposición de 2013 —la obra continuará en cartel hasta el último sábado de abril inclusive—, Abrázame ofrece calidad de técnica, lo cual es sin duda un desafío cumplido teniendo en cuenta la cantidad numerosa de bailarines en escena. Son siete parejas, catorce hombres y mujeres que se mueven al unísono. Ellos demostrarán sin errores la destreza propia de los hombres del folklore; ellas serán puntillosas a la hora de estirar puntas, elevar piernas y completar piruetas alla contemporánea. En la fusión de uno y otro estilo, núcleo elemental de la propuesta ideológica de Rossetti, es en donde ésta no consigue la excelencia exigida en el rígido mundo de la danza. Estaría bien, de hecho, sería esperable si la puesta tuviera como objetivo mandar a la mierda tal cuestión. Pero no. Entonces, hay que decirlo.
El gancho de Abrázame es la complementariedad del tango, el folklore y la danza contemporánea, mundos que de alguna manera confluyen en el currículum vitae de la coreógrafa y directora de la puesta. Criada bajo el ala de la contemporánea —trabajó con el coreógrafo y uno de los iniciadores de la disciplina en Argentina, Oscar Araiz—, incursionó en el tango durante años hasta llegar adonde hoy se desempeña como docente, el Ballet Folklórico Nacional.
Los siete bailarines que interpretan su primera obra independiente son integrantes de esa compañía. Y son practicamente el único aporte folklórico con el que la puesta cuenta, más allá de algún pasaje de la música, bastante fugaz. Las chicas vienen, claramente, del palo del contemporáneo. Rossetti, incluso, quien integra el reparto. Juntos desandan melodías del dosporcuatro (el potente caudal creativo de Astor Piazzolla que embellece todo lo que toca) y exclusivas —exclusivísimas— de esa rama de la danza presente en la propuesta desde un dibujo coreográfico general que no logra desprenderse de las propuestas básicas de esa rama. De hecho, varios dibujos, combinaciones y movimientos se vuelven repetitivos a lo largo de la hora de obra.
Pero, claro, la repetición es un tip a no desobedecer en el “deber ser” de lo establecido en el mundo de la danza local. Así como lo es el mensaje de la obra —siete pares de hombres y mujeres que se quieren, no se quieren, se buscan, se rechazan y festejan la unión, bien prolija e institucional— e incluso el rol que juega sobre el escenario la coreógrafa: ¿es necesario que Rossetti y su pareja siempre sean los más visibles, los primeros en salir a escena, los que se ubican en el centro de la hilera para saludar al público?
Abrázame se disfruta tanto como cualquier otra obra del exclusivo mundo de la danza oficial en la Ciudad de Buenos Aires: De hecho podría tranquilamente existir en los escenarios de ese reducido circuito, cual obediente alumna. Música del principio a fin, baile del principio a fin, perfección de los cuerpos, similitudes en los vestuarios, en los peinados e incluso en los rostros de circunstancia. La prolijidad, ya se sabe, pertenece al universo establecido e indiscutible del baile. Ese que por momentos pierde el hilo del juego y el rebusque que destila la diversión.
