El cuarteto uruguayo Carmen Sandiego visita la Argentina para participar del próximo Festipulenta. Flavio Lira, uno de sus integrantes, dialogó con Agencia NaN sobre la autogestión, la escena musical under del país vecino y reveló los caminos que marcaron su destino -y el de sus compañeros- como músicos independientes.
Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza de Carmen Sandiego
Buenos Aires, febrero 21 (Agencia NAN – 2013).- “Hacer música no aburre”, avisa Flavio Lira desde el extremo uruguayo de la comunicación telefónica que lo unió por algunas decenas de minutos a Agencia NaN, días antes de pisar escenarios argentos nuevamente con la banda que creó hace seis años, Carmen Sandiego. Mientras trabajan en su nuevo disco, que tendrían listo en el transcurso del año, y se preparan para un fin de semana a puro Festipulenta, el cuarteto que en un principio fue dúo repasa el prolífico camino recorrido, siempre por la vereda autogestionada e independiente de la música oriental.
No es la primera vez que “hacen un toque” en Argentina (Lira asume, dubitativo, que “debe ser la cuarta o quinta”), pero siguen sintiendo la adrenalina de lo nuevo. “Tocar afuera es, siempre, desafío y miedo a la vez porque nunca sabés cómo va a reaccionar el público”, considera este joven que no solo cruzó el charco con su música al hombro; además de pasearla por los antros porteños y por esa cuadrícula de magia artística que es La Plata, también recorrió con ella territorio chileno. La adrenalina de enfrentarte a una masa dispuesta (o no) a escucharte tiene que ver más con “ese momento, la disposición de la gente, el sentir de uno como músico y como banda” que con la idiosincrasia de cada territorio. Así que no, argentinos. No somos el mejor público del mundo, ¡basta ya!
Lira dio los primeros pasos de Carmen Sandiego con Leticia Skricky. El plan, a riesgo de que la palabra resulte arbitraria (“No hubo plan, la vida nos sorprende”, revelerá el joven), fue, desde un comienzo, de código intimista, detalle que se plasmó directamente en las letras: la propia experiencia y los resultados de reflexiones personalísimas coparon la lírica de este dúo cuya música es calma y estalla donde específicamente necesita hacerlo, para lograr un transporte único a quien la escucha. Volás con ellos, quieras o no.
Es que para los Carmen Sandiego, ser músicos y dedicarse a ello no estuvo entre los planes desde el inicio, como tampoco lo estuvo grabar cuatro discos. O sí: “No sé si es algo que estuvo planeado. Hay elementos aleatorios. Cuando hacés canciones no sos completamente inocente. Pero tampoco el camino de un músico se planifica en su totalidad. A veces sí, a veces te das cuenta para donde estás yendo y tenés seis canciones hechas y querés cuatro más para tener un disco. Y ahí si te enfocás… pero todo cambia porque uno cambia. Cuando empezamos eramos bastante diferentes de lo que somos ahora y eso se refleja también”. Hay un eje, un pilar, de todas maneras, que los sostiene ahí, sintonizados. “Hacer música no aburre”, remata.
Lira ironiza acerca de su talento y el de sus compañeros, al descuidarse al momento de definirlo. “¿Para qué? ¿Qué música hacemos? No sé… ¿pop? ¿pop guitarrero? ¿pop a medio hacer? Por suerte lo que nos sale es muy parecido a las cosas que nos gustan, entonces está bueno”, revisa.
Durante aquellos tiempos florecieron los primeros temas de sus guitarras, una eléctrica y una acústica, y varios juguetes ruidosos. En la casa de un amigo juntaron un puñado y le dieron forma a Vida espiritual (2007), su primer EP. Pero varias (muchas) historias musicalizadas quedaron ansiosas en papeles y pentagramas. Un año más tarde llegaron Ristampa y Nanas, su primer LP. Aquellos primeros hijos del dúo revelan a Lira y a Skricky como un grupo de niños exploradores en busca de nuevos matices sonoros. “Esos instrumentos dan unos timbres extraños que funcionan para lo que son nuestras canciones. De repente podemos tener un teclado que está buenísimo, pero estos tecladitos de juguete que suenan como si estuviesen rotos generan unos timbres que aquel bueno no te puede dar”, detalla Lira en referencia a los juguetes de los que se siguen valiendo en el proceso creativo. Pero no sólo de aquellos elementos lúdicos se valen los Carmen, sino también de otros sonidos propios de la vida cotidiana, de nuevas modalidades vocales; de llantos de perros, incluso.
Hace dos años que Joven edad, su última producción, circula en el mundo under. Desde entonces, dejaron de ser un dúo para convertirse en un cuarteto, al sumar a Ezequiel Rivero en bajo y Matías Lens en batería. Al igual que el primero, el resto de los trabajos de Carmen Sandiego gozan del sello de la autogestión. Toda su historia en canciones, además, la ofrecen en su página web (www.dondeenelmundo.com). “Somos una banda que aboga por la autogestión porque los canales masivos no nos parecen viables, porque tampoco creemos que haya un interés de ellos por nosotros, para tener un poco más de libertad al momento de la creación y para sentirnos un poco menos culpables”, enumera el guitarrista y cantante uruguayo.
¿De qué habla Lira cuando se refiere a la “libertad al momento de la creación”? Básicamente, los Carmen Sandiego quieren lejos, muy lejos de sí lo que llaman “burocracia”. Sí, eso que ustedes, yo, muchos, la mayoría de los ciudadanos del mundo conocemos como significado de esa palabra. En ese sentido, entienden que la autogestión es un antídoto contra la burocracia. Al contrario de lo que se cree que implica caminar los senderos del Hágalo Usted Mismo, los uruguayos quieren “un circuito más rápido. Los tiempos de los sellos nos pondrían muy impacientes. Por nuestra cuenta es más rápido y fácil: si me nace la inspiración, le doy pila a eso, grabo y sale una canción”.
No son los únicos en Uruguay que transitan la autogestión desde el arte. Sin embargo, las posibilidades que el país otorga a esta clase de proyectos no apremian. La movida independiente, aseguran, es grande en el país vecino, pero “está complicada por falta de infraestructura”. “Hay buenas bandas, y cada vez más. De hecho, la popularización de internet y el poder grabar desde la autogestión, vos solo en tu casa con una compu, la hicieron y la hacen crecer, pero a la vez no hay canales de difusión que ayuden. Esos circuitos son los que uno se crea, principalmente a través de internet, porque está muy complicado tocar en vivo. No hay antros donde hacer ruido. Y los que existen no te dan buen sonido, no te tratan bien. La única forma de tocar es organizándolo vos por tus propios medios: en lugares no convencionales, plazas, casas”, puntualiza el músico.
Una experiencia prometedora en ese sentido es Esquizodelia, un colectivo que es, a la vez, intento de sello discográfico independiente, y una incipiente red de bandas independientes y espacios en donde éstas pueden ser. “Es crear una infraestructura de la nada”, concluye Lira.
*Carmen Sandiego compartirá escenario con Las ligas menores, Los reyes del falsete, Perdedores pop y La ola que quería ser chau, entre otros, los próximos viernes 22 y sábado 23 de febrero en el marco de la edición 16 del Festipulenta, en El Zaguán, Moreno 2320, Ciudad de Buenos Aires.
