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Otro flash, lejos de la ciudad.-

Los seis jóvenes del Conurbano presentan en Niceto su primer disco (desde diciembre se puede descargar libre en internet) con el estilo desenchufado de las bandas que en los últimos años surgieron a luz de las velas y con la brisa del mar del Cabo Polonio. 
Por Sergio Sánchez
Fotografía gentileza Otro Mambo
«No es la luz
lo que importa en verdad
son los 12 segundos
de oscuridad.»
(«12 segundos de oscuridad», Jorge Drexler en el disco homónimo).
Buenos Aires, abril 25 (Agencia NAN-2012).- Cabo Polonio no es un lugar más en el mundo. Es uno de esos sitios que tienen una energía especial, reparadora, liberadora, que atrapa a los viajeros. Ubicado en la costa uruguaya, casi pegadito a Brasil, recibe las mejores caricias del mar Atlántico. Sus aguas saladas, azuladas y cristalinas curan hasta las heridas del alma. Es, también, un lugar generoso: recibe a todos los viajeros sin importar de qué color sean sus billetes. Eso sí, uno tiene que poner su cuota. El diálogo con “el Cabo” o “el Polonio”, como lo suelen llamar, depende de las dos partes. A veces, el contacto puede llegar el primer día. Otras, el cuarto… o nunca. Pero cuando el diálogo llega, todo parece estar bien, el mundo se convierte en un lugar perfecto. Por lo menos, sucede en esos paisajes con magia propia (como Purmamarca o San Marcos Sierras). Otro Mambo, una de las bandas que patea las calles de Buenos Aires, es el resultado de ese viaje iniciático. Para Javier Amuy, el creador del grupo, hubo un antes y un después de conocer el Cabo. “Fue un lugar que me hizo flashear porque sentí que volvía a nacer. Era muy distinto a los lugares a los que había ido de vacaciones. Y eso, al principio, me revolvió muchos miedos y cosas que hicieron que las primeras noches me costara alinearme con el lugar. Pero, en un momento, hice como un clic y empecé a sentir paz. Y lo quise transmitir a través de la música”, cuenta Amuy, quien conoció Cabo Polonio en 2005, varios años antes de la formación de la banda. A partir de ahí nace la historia de Otro Mambo, “como esas cosas que simplemente suceden”.
  
Los muchachos –algunos de Florida y otros de Hurlingham- acaban de ser padres y presentarán a su hijo el jueves en Niceto. El disco, Ahora o Nunca, fue grabado a fines de octubre y fue liberado a la web en diciembre para su descarga gratuita. Si bien formalmente la banda nació en marzo de 2010, la mayoría de las canciones salieron un poco, de experiencias internas de Amuy. “Allá era como un niño que iba descubriendo cosas que para mí antes no existían. Flasheaba con la noche y con el Bayano. Es un lugar que está afuera del mundo, no es comparable con nada, pero te abre las puertas para que vayas. Lo único que sabía del Cabo era que no había luz y que a la noche iluminaban con velas. Al  principio no lo entendés, porque las calles no son calles, sino que hay como caminos. Y eso ya te abre una libertad absoluta: porque podés caminar por cualquier lado. Ahí te conectás con vos mismo. El arte viene de ahí, de conectarse con uno y sacar eso para afuera”. Por esas casualidades de la vida, este cronista, que anduvo por el Cabo en marzo, se hospedó en la casa de un tal “Bayano”. Pero, ¿quién es Bayano? ¿Qué representa para la banda y para Amuy?
El Bayano, un faro de sabiduría para Otro Mambo
Amuy le cuenta a Agencia NAN: “Al Bayano lo conocimos cuando llegamos. Empezamos a golpear puertas porque no teníamos dónde dormir. Entonces fuimos a su casa y estaba tirado, medio escabio y nos dijo que no alquilaba su casa. Nos pusimos a hablar hasta que nos dejó entrar. Queríamos dormir en un rancho nuestro, no queríamos ir a un hostel. La primera tarde que hablé con Bayano le decía que me sentía raro, que no quería estar ahí. Estaba triste. Y él me respondió: ‘Este lugar tiene energéticamente algo distinto, esperá la primera noche y mañana me contás. No te vuelvas loco, quedate tranquilo’. Y fue así. A la tarde ni vi la caída del sol, pero cuando vi la noche estrellada por primera vez, hice un clic. Al otro día, cuando me levanté, ya me había conectado con el lugar. Desde esa vez, todos los veranos siguientes fui para allá. Cuando armamos Otro Mambo, les dije a los chicos que la primera gira tenía que ser a Uruguay, porque sabía que ese lugar nos iba a unir mucho como banda y porque yo tenía escritas muchas canciones sobre el Cabo”. Nacho Agosti, dueño del acordeón en la banda, aporta su experiencia: “Ya había viajado de mochila, pero un lugar como el Cabo es difícil de encontrar. Allá los estímulos pasan a ser otros, porque hay silencio. Acá, en la ciudad, todo el tiempo estás sobreestimulado por la tele, el ruido, los carteles, los autos, el bondi”.
-Hay una canción que se llama “Los mambos del Bayano” ¿Qué representa el Bayano para ustedes?
-Amuy: El Bayano para mí es un amigo. Hay una parte de su historia que nunca la voy a conocer y tampoco me interesa ahondar en ese tema. Yo lo conocí viviendo en el Cabo y lo que haya hecho en su pasado, la verdad que no importa. Dentro del pueblo no es tratado como una persona grata; de hecho, lo conocen como “el borracho”, el que le debe al almacenero. Y en realidad él tiene un montón de cosas buenas que, cuando lo empezás a conocer, aparecen. Él nos enseñó a entender el lugar, nos contó historias y miles de cosas que a mí me ayudaron mucho. Y también vi en él la fortaleza de vivir veinte años en ese lugar. Cuando voy, a la semana siento que me tengo que volver, porque el lugar te pasa por encima. Por eso me saco el sombrero por él y trato de ayudarlo con lo que puedo. Es un referente para nosotros por todas las cosas que nos enseñó. Tiene algunos problemas personales que no lo dejan avanzar y cada año que vuelvo, me sigue contando lo mismo. Por eso canto: “los mambos del Bayano nunca cambiarán”. A veces me da lástima porque es muy inteligente. Pero lo respeto como es.
-Agosti: El Bayano tiene conceptos de vida muy claros, más allá de sus mambos. Además, tiene muy buena memoria. Se acuerda de todas las charlas. Allá hay muchos momentos para charlar. El Cabo es curioso: no cambia, pero vos sí. Cada vez que volvés, la esencia del lugar está igual, pero tus cosas, no. Cuando vas allá, el Bayano sigue con sus dos o tres problemas que lo afectan. Pero acá, con tantos estímulos, vos te evadís de ciertas cosas, las tratás de pasar por arriba, de distraerte. Él tiene en claro cuáles son las cosas que tiene sin resolver.
  
En las letras abundan las referencias a esta bella playa uruguaya. En el primer tema del disco, “Aquel sol”, el protagonista no es nuestro sol, si no el que sale en el Cabo y maravilla al atardecer con su puesta. “Este sol no está mintiendo / dejala que vuelva, deja que todo vuelva a comenzar”, canta Amuy, un enamorado del Cabo, como tantos otros. Sucede algo curioso con este rincón del mundo: fue y es el lugar elegido por muchos artistas para conseguir la tan anhelada inspiración artística. De hecho, no sólo para lograr inspiración, sino para rebelar qué camino seguir. No sólo a los Otro Mambo les hizo un clic para formar la banda. Onda Vaga y el dúo Perota Chingó –entrevistados por Agencia NAN la semana pasada- se formaron, casi de manera espontánea, después de pasar por el Cabo. Para Jorge Drexler, por ejemplo, significó un disco, el maravilloso y oscuro 12 segundos de oscuridad. Y la lista sigue: Sofía Viola, Martín Buscaglia, La Vela Puerca (compusieron allí “Mi semilla”) y tantos otros. “Ojotas”, “Voy”, “Ellos juegan” y “Luis & Juan”, “Sosteniendo el cielo” también hablan del paisaje “polónico” y guardan su esencia liberadora. 
Otro Mambo no significa otra cosa más que “buscar otra realidad”. Dice Amuy. “Allá empecé a aceptar un montón de cosas mías, a sacar mochilas y a hacer un laburo para adentro. En ese lugar sentí paz y me sentí mejor. Las letras hablan de eso, de caminos internos y de vivir el presente. Si hiciéramos un camino interior, nos vincularíamos mejor con el otro”.
  
Cabo Polonio es una suerte de aldea o pueblo pequeño situado en la costa uruguaya, en el departamento de Rocha. En los últimos años, el “boca en boca” hizo lo suyo y cada verano miles de turistas y viajeros buscan refugio de la ciudad. Y, por ende, engordaron los precios. Además de tener una de las noches estrelladas más hermosas, un imponente faro y un desierto de dunas móviles, el Cabo tiene otra particularidad que exalta su belleza: no hay luz eléctrica. Que se carezca de este servicio, al parecer, es una elección de los lugareños y una disposición del Estado uruguayo para conservar su esencia natural. En 2009 fue declarado parque nacional, lo que impidió que se pudiera comprar un lote y construir un “rancho” (como llaman ellos a las pequeñas casitas de madera y barro) sobre el cabo. A ambos lados de la punta, se ubican las dos playas: la Calavera y la Sur. Sus habitantes –que no superan las 80 personas fuera temporada alta- no son originarios de ahí, sino que provienen de playas cercanas como Barra de Valizas, Aguas Dulces o La Paloma. Ellos construyeron sus ranchos dispersos por el cabo, sin la tradicional forma cuadriculada de las ciudades. A simple vista, parece un gran jardín, sin alambrados ni límites entre las viviendas.
Cuestión de estilo
Otro Mambo es una de las bandas que apuesta por el formato acústico y la canción “sin etiquetas”. Esa decisión mucho tuvo que ver con la facilidad para trasladar los instrumentos y la no dependencia de la electricidad. “Polonio tiene un punto a favor en eso”, sonríe Amuy. “No hay nada enchufado. No sé por qué le agarré un rechazo a la batería. Pepo (Vera), uno de los chicos, se había comprado un cajón y así arrancamos. Salió así, no lo planeamos. También tiene que ver con la comodidad para ensayar. Por eso, nos vincularon con el estilo de Onda Vaga, pero no tanto por la música sino por la elección por lo acústico”. Agosti suma lo suyo: “El acústico es un formato todo terreno y te permite estar en cualquier lado. En cambio, el eléctrico tiene una limitación, que siempre tenés que tener un lugar con determinadas característica. Sin embargo, en la presentación del disco vamos a enchufar las guitarras acústicas y agregar un bajo, porque es un lugar más amplio. Lo divertido de la banda es que te permite ir por cualquier lado”. Durante la grabación del disco, todo fue microfoneado, menos el bajo. “Queríamos que se note lo que somos en vivo”, dice Amuy.
  
No es fácil clasificar la música de Otro Mambo. Las influencias que se perciben son variadas: un poco de reggae, un poco de ska, un poco de rock, un poco de todo. “Cuando nos preguntan qué estilo hacemos, no tenemos la más puta idea. Todo el mundo te dice un estilo distinto. Hay una necesidad de catalogar todo”. Para Amuy,  “lo importante es que la música te mueva y te llegue. No importa cómo lo clasifiques, si no si te gusta o no”. Un antecedente: Cuando Onda Vaga rompió con todo y no quedó otra que atender el fenómeno, un gran interrogante salió a la luz: ¿Qué carajo hacen estos muchachos? ¿Rock? ¿Folklore? ¿Las dos cosas? ¿Ninguna? En cierto punto, puso en crisis cierto estándar musical. Los músicos de OV fueron a las bases: agarraron una acústica y pasaron por ese matiz las canciones que habían mamado. No era rock, porque no era eléctrico y distorsionado. No era folklore, porque no se ajustaban a ciertos parámetros, digamos. Simplemente (¿O profundamente?), hacen canciones. Los pibes de Otro Mambo andan por esa búsqueda, aunque nada tienen que ver, musicalmente, con los “vagos”. Por momentos, los OM –banda que se completa con Pepo Vera en cajón peruano, Ricardo Barba en guitarra, Tomás Tereschuk en congas y djembe y Juan Cruz Caironi en percusión– recuerdan a los primeros discos de Los Piojos, esos con la percusión y el ritmo siempre arriba. “Hablamos castellano rioplatense”, ensaya Nacho, en sintonía con lo conseguido al otro lado del Río de La Plata. 
*  Otro Mambo se presentará el jueves 26 a las 22 en Niceto, Niceto Vega 5510.

*Ahora o nunca se puede descargar gratis en http://dl.dropbox.com/u/8593290/otro_mambo_ahora_o_nunca_2011.zip
O visitando su Facebook: http://www.facebook.com/otromambo