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Libros: «Cerdos & Peces, la revista de este sitio inmundo, lo mejor» (2011).-

La selección de los mejores textos (según su creador) de los 59 números de la revista que rompió el esquema del periodismo y del buen burgués de fines de siglo XX  permite indagar los porqué de que se haya dejado de cuestionarlo todo en este mundo rotundamente cagado e invita a buscar el lenguaje que permita volver a hacerlo en «épocas de apologías».  


Por María Daniela Yaccar

“Digo que la revuelta está en mi cuarto,
en esa calle que arrastra,
en la mirada de la persona que simula que te desea.”

Buenos Aires, marzo 26 (Agencia NaN-2012).- La Cerdos & Peces, que más tarde acotó su nombre a La Cerdos, no pudo escapar a su destino –seguramente– menos deseado. ¿No es por lo menos simbólico que “la revista de este sitio inmundo” haya mutado en objeto de culto? Enrique Symns publicó en noviembre, con la ayuda del investigador Juan Mendoza, un extenso volumen de 300 páginas que reúne los mejores textos de la revista (Cuenco del Plata). Se consigue por 128 pesos. Paralelamente, los números enteros esperan a los coleccionistas en esos lugares que los atraen como bichos que van a la luz, arriba de los 150 pesos. ¿Es desilusionante? Depende de para quién. Cada lector sabrá qué hacer con tantas verdades desperdigadas en tantas páginas. Evaluará si hacer de ellas verdades propias o petrificarlas, concederles apenas el status de palabras bellas y malditas, que es prácticamente innegable.

Difícilmente las verdades de Symns, volcadas en editoriales, entrevistas y notas escritas con sangre, pero además con merca y alcohol, entre los gritos de los que cogían en el baño de la redacción y ante la presencia de cadetes que lloran (de la emoción, claro), pasen de largo en los corazones sensibles y rotos, en las mentes que no descansan, en los cuerpos maniatados que quisieran sentirse más perdidos. Symns será siempre un refugio, el mundo sin cáscaras, un lugar en donde encontrar una especie de “latido universal”, el punto de origen de unas cuantas “intenciones chamánicas”, el brillo más fotográfico de ciertos fenómenos que él quiere irradiar, nunca analizar. “Después, claro, la costumbre vuelve a tejer sus telarañas y se vuelve a la fila”, escribió el poeta y periodista Tom Lupo cuando Revista NaN entrevistó a Enrique.
Pero más allá de que los textos de Symns operen como un refugio para muchos de sus lectores, ¿por qué la Cerdos & Peces, leída a casi treinta años de la salida del primer número –el último, el 59, salió en 2004–, parece tan lejana (y por eso se vuelve, evidentemente, un objeto de culto)? ¿Por qué uno piensa, al leerla, que hoy es imposible que exista una revista así? ¿Por qué ha perdido lugar lo sombrío, lo compulsivamente destructivo, lo rockero, lo trágico, lo revolucionario, lo anárquico, lo insurrecto? Este interrogante funciona a la vez como respuesta: si La Cerdos o una revista similar no existe hoy quizás sea, precisamente, porque lo sombrío, lo compulsivamente destructivo, lo rockero, lo trágico, lo revolucionario, lo anárquico y lo insurrecto han perdido lugar.
El planteo de que el mundo está rotundamente cagado –y por ende, también todos nosotros– no ha perdido vigencia, claro está. Ésa es la verdad más universal, repetida y profunda que cruza a La Cerdos. Lo que evidentemente ha perdido vigencia, fuerza o, por lo menos, alcance es la formulación de ese planteo, así como también un lenguaje –sea periodístico o no, los dogmáticos decían que La Cerdos no hacía periodismo– capaz de alzarlo. El mismo Symns admite que la revista se fue “institucionalizando” de a poco: “Se puso ideológica”. Porque el trabajo sigue encerrando al hombre. El matrimonio y la pobreza siguen existiendo. También las cárceles. La Cerdos no decía que las cárceles existían, sino, lisa y llanamente, que no tenían que existir. Y ello desde una mirada micropolítica, no macro, como explica Symns. Desde los ojos de esta cronista, ése es el pensamiento que se ha perdido, o que existe en brotes aislados y esporádicos: el que lo cuestiona todo. Aunque por suerte existen personas como Camilo Blajaquis.
Es llamativo cómo la revista se corría de un eje que Heidegger llama “vivir en estado de interpretado”. Según el filósofo, hay un gran sistema que piensa por nosotros, que nos dice qué pensar. Pensamos igual que un diario o igual que un programa de radio, ahorrándonos la difícil tarea de hacerlo por nosotros mismos. La Cerdos exigía una tarea distinta, no era políticamente correcta; al mismo tiempo algunos de los tipos que la escribían parecían (al menos eso, parecían) plasmar en ella sentencias muy personales e íntimas. Y por eso gestaban una nueva definición de periodismo, que no era bien vista por todos. Gestaban una definición propia, interpretando, no siendo interpretados.
Ahora bien, tomando prestado el prefijo del vocablo de Symns, podría decirse que, además de esa verdad grande, la que atraviesa a las 300 páginas, la revista tiene sus “microverdades”, como pueden ser la defensa acérrima del sexo y de las drogas. ¿No será que algunos de estos planteos han pasado del plano de lo instituyente a lo instituido? Hay ejemplos de los pedorros y de los buenos: Katy Perry hoy canta “besé a una chica y me gustó”. La condena a la homosexualidad es menor, la contracultura canábica ya no es tal cosa sino una cultura, como escribió el periodista Luis Paz. Por otro lado, y como contracara, la sentencia de que el rock era hermano de la industria ya aparecía en las páginas de la revista, y a uno le dan ganas de saber qué hubiera dicho Cerdos & Peces al respecto de un show que cuenta la historia de un muro y se presenta ante un campo que separa a la Very Important People de los que tienen menos guita para la entrada.
A los interrogantes planteados más arriba, Symns responde en una entrevista que le hace Mendoza, al comienzo del libro: “Si hubiéramos seguido, habríamos terminando haciendo una revista insurreccional, completamente terrorista. Ahora sí que son épocas de apologías. La sociedad hace apología de sí misma. La llegada del kirchnerismo puso a la sociedad desnuda tal cual es. Así como criticamos a los norteamericanos por sus bandos republicanos y demócratas, acá solamente hay republicanos.”