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Esa costumbre ColectiBA de resignificar lo público.-

La agrupación de fotógrafos y fotógrafas sale a colgar sus trabajos a la calle para “desmuseificar” el carácter artístico y estético de la imagen. La propuesta tiene una doble intención: acercar a todos aquellos que no son habitués a este tipo de movidas y, al mismo tiempo, evitar el encierro que a veces propone el espacio público, que es de todos, desde el principio de los tiempos. 

Por Laura Bernatené
Fotografía gentileza de Shavi Alli          
     
Buenos Aires, enero 13 (Agencia NAN-2012).- Plaza Irlanda, domingo de principios de diciembre. El solcito suave de las cuatro y media de la tarde se abre como un arco iris al tocar  el agua que cae del termo hacia el mate de calabaza. Las rejas del parque están empapeladas con más de 400 fotografías de la última muestra con la que la ColectiBA despide el año. Y de a poco los curiosos se van acercando a ver de qué se trata la movida…

La ColectiBA es uno de los brazos de la organización homónima pero escrita con v corta, surgida en Rosario hace siete años. La agrupación nació por iniciativa de fotógrafas y fotógrafos que buscaban generar nuevos espacios de reflexión y difusión de sus trabajos, de manera que conformaron un lugar donde sus obras se resignifiquen siempre en el terreno de la colectividad.

Por iniciativa de otros artistas, la idea fue llevada más allá de las fronteras y progresivamente llegó a Luján, La Plata y Buenos Aires. Shavi Alli, junto a Diego Iturburu y Julieta Ru, son los responsables de importar la propuesta a tierras porteñas para que cualquiera que haga fotos pueda mostrar su trabajo sin curaduría, cupo ni arancel.

Participar es muy simple. En primer lugar, los interesados deben llenar una solicitud de inscripción. Después, deben acercarse el día de la muestra con las fotografías bajo el brazo, de tamaño, tipo de papel y montaje a gusto y piaccere. Y finalmente, descolgar las fotos.

A diferencia de la central rosarina, que expone en espacios cerrados de carácter público-municipal (como el Centro de Expresiones Contemporáneas de Rosario), los locales redoblan la apuesta eligiendo diferentes plazas de la Ciudad de Buenos Aires. El Parque Rivadavia, de Caballito, fue el primero en albergar a la organización. No pasó mucho tiempo para que le llegaran a Plaza Bolivia (Palermo), Parque los Andes (Chacarita) y Plaza Almagro.

Esa comunión fotográfica
Es domingo y ochenta expositores se mueven de un lado a otro de la plaza como hormigas en pleno trabajo. La tanza y la cinta scotch pasan de mano en mano, hasta que las rejas se llenan de fotografías en tamaños, estilos y presentaciones muy diferentes entre sí: fotoperiodismo, foto de autor, naturaleza, música, foto instalación, y la lista sigue.

Los padres corren detrás de sus hijos que andan en bicicleta sin rueditas por primera vez, un grupo de chicas estira la lona y se sienta sin parar de reír, los abuelos ceban unos mates. Todos gozan de la tarde, y algunos comienzan a preguntarse: “¿Qué hay en las rejas?”. “Estoy acá viendo unas fotos. Están buenas”, comenta al pasar un señor al teléfono. Mientras en el otro extremo, una pareja de maestros se ve reflejada en imágenes que documentan el conflicto docente en la época en que las carpas blancas salieron a la calle.

La ColectiBA, a punto de cumplir su segundo año de vida, tiene diferentes expositores en cada una de sus muestras. Algunos se van, otros vienen. Otros van y vienen. Luciana Navarretta, Lolo Iturburu, Peque Conguerita, Daniela Yechúa, Jessica Pons, Julieta Ru y Shavi Alli son los miembros fijos quienes se encargan de organizar las muestras y cranear a futuro otros proyectos, como publicaciones y ensayos periodísticos de corto y largo plazo.

Daniela Yechúa comenzó a participar de La ColectiBA como expositora, pero hace algunos meses se integró al equipo del colectivo. Incluso ha documentado de manera audiovisual toda la movida. “La consigna de las muestras es animarse a ’sacar la foto a la calle’ para que puedan ser vistas por muchísimas más personas que las que entrarían a un museo”, explica Yechúa. No es sólo colgar la foto, si no que es un intercambio con los otros expositores y con el público que se acerca a mirar todos y cada uno de los laburos.

Las muestras de la ColectiBA también albergan otros grupos como la Red de Fotógrafos de Teatro Comunitario y los Talleres de Fotografía para niños de Ñandeloga, una organización social que trabaja en el barrio Las Flores de Villa Martelli.
De las paredes al aire libre
Algunos días después de visitar la Plaza Irlanda, esta cronista viajó a la costa para probar suerte como camarera de restaurant durante el verano. En sus días libres recorre las callecitas que se pierden en los bosques de pinos de este pedazo sobrevaluado de tierra. Hay menos casas (vulgares mansiones) con carteles con nombre propio como “El remanso” o “Mi sueño”, que carteles amarillos de letras rojas en los que se lee “No se acerque. Alarma perimetral”.  Y llegar al mar es cosa difícil. Una muralla de apart hoteles se levanta sobre la cadena de médanos que bordean la playa bloqueando el acceso peatonal a toda persona que no esté alojada.

Qué panzada, pienso, qué desparramo haría acá La ColectiBA. Porque aunque en la charla que tuve con Shavi Alli, antes de partir, reveló que le gustaría exponer en la ESMA, yo le sugeriría llenar estos bosques y balnearios con decenas, miles de fotos; montarlas en las calles que aún son de todos, desafiando de soslayo a las paredes con dueño, los árboles alquilados y las baldosas con nombre y apellido; siempre con el estilo que caracteriza al grupo, sin pedir permiso. Porque no hay razones para hacerlo en un espacio que es público.

–La ColectiBA no pide autorización para hacer las muestras en las plazas. ¿Por qué tomaron esa determinación?
–Shavi Alli: -Nos dimos cuenta que no tenemos que pedir permiso para hacer algo público en un lugar público. El espacio ya es nuestro y lo único que hacemos es utilizarlo. Uno habla de tomar porque, a pesar de que lo considera propio, sigue con el cassette de que es algo que hay que pedir. Y no hay nada que pedir: es mío, es tuyo; es de todo el mundo que quiera ir. No se pide permiso para ir a la plaza a correr con tu hijo o para tomar mate. Despues de la dictadura, a pesar que ya pasaron más de 30 años, existe este miedo a utilizar lo público, a salir a la calle, a juntarse.

En un principio esta elección no se dio como algo deliberado del tipo “expongamos en plazas”, sino que fue determinado, casi inevitablemente, porque los circuitos de difusión como museos y galerías se encuentran –aún- vedados para aquellas personas que no tienen una firma conocida. 

–Las muestras rosarinas se hacen en espacios cerrados. ¿Cómo arrancó la idea de exponer en las plazas?
-Cuando empezamos, no teníamos lugar para exponer, no nos conocía nadie. Las plazas estaban enrejadas y con nuestros compañeros dijimos casi al unísono, ‘expongamos en las plazas, en las rejas’, con todo lo que también lleva eso. Resignificar una reja que tiene un significado negativo de encierro. Encerrarse aun en lo público es la máxima expresión de encierro: encerrarse al aire libre.

Por otro lado, al exponer en este tipo de espacios, se rompe con la protección que se le da al arte, que deja de estar atrincherado en las paredes frías de un edificio. Se lo baja del altar para exponerlo al viento, al calor y a las miradas indiscretas de quienes pasan por casualidad. “Está esta cosa de la museificación donde el arte es arte si está colocado en un lugar determinado que le imprime ese rótulo. O sea, vos exponés en el Malba y es arte, sí o sí, aunque sea una reverenda mierrrda” –aquí Shavi hace que las erres se choquen unas a otras, que serruchen las palabras siguientes. Al sacar las fotografías a la calle y hacer que se codeen con graffitis y las pinturas que reemplazan las letras de propaganda de candidatos políticos, las fotografías nutren el espacio público. Hay arte para todos.  

–¿Y qué le agrega el afuera al sentido de la muestra?
–Un feedback con la gente que no es habitué de ver obras de arte o fotografia. Hay un montón de gente que anda por la calle, que va a la plaza, que pasa por ahí y capáz que nunca fue ni va ir a ver, y no le interesa. No porque no tenga capacidad de apreciar el arte, sino porque no le llama, nunca se le ocurrió. Y de golpe se encuentra con una muestra, con una megagalería de fotos en la plaza.