En plena era de la fotografía digital, una serie de pequeñas cámaras soviéticas de espionaje dio origen a un grupo de fotógrafos que reivindica una estética experimental con base en el rollo y el papel. Son fotos –alejadas de los cánones– con distorsiones sutiles, efectos de luz y abstracciones. Se conocieron a través de Facebook y comparten experiencias, inquietudes, data y trucos. “La cámara tiene una estructura que te permite obtener resultados diversos. Nunca sabés bien cómo va a quedar la foto”, ilustran.
Por Laura Bernatené
Fotografías gentileza de María Belén Cean (1) y Pablo «Fotogramas» Raele (2)
Buenos Aires, noviembre 18 (Agencia NAN-2011).- En la era de las comunicaciones es en vano sostener que las relaciones también se tejen a través de Internet. Photoheerholga es un ejemplo: nació de la mano del fotógrafo Fredy Heer, atraído por la lomografía (fotografías tomadas por una pequeña cámara creada durante la Guerra Fría para los agentes de la KGB) y, sobre todo, por las cámaras Holga (pocket chinas de buen rendimiento pero de baja calidad) creó un grupo en Facebook para compartir experiencias, inquietudes, data y trucos. Son 100 seguidores, algunos amigos, que comparten su entusiasmo por estas fotos inusuales, de colores y abstractas, alejadas de los cánones. Mientras preparan una muestra en el Imaginario Cultural (Bulnes y Guardia Vieja, Ciudad de Buenos Aires), Pipy Lupindo, Florencia Pagano, Ceci Martínez Amanzi, Shavi Alli, Mariela Bú y Pablo “Fotogramas” Raele, se reunieron con Agencia NAN para sumergir a sus lectores en la foto experimental.
Lomo… ¿qué?
En el ambiente de la fotografía, la palabra hace estallar una tormenta de ideas que remiten a colores saturados, filtraciones de luz, imágenes surrealistas, experimentación y diversión. Pero, ¿de qué se trata? La lomografía es un movimiento internacional que nació de casualidad, cuando Matthias Fiegl y Wolfgang Stranzinger, dos estudiantes vieneses de arte, hallaron en un pequeño local de saldo una Lomo Kompakt Automat. Deslumbrados con esa pequeña cámara soviética, capaz de registrar color y movimiento, sin necesidad de flash y sin ninguna deformación, comenzaron a tomar fotos sin más, y al revelar los rollos quedaron sorprendidos por la atmósfera única en las fotos impresas. Los muchachos comenzaron a promocionarla en su país a través de la Sociedad Lomográfica: un nuevo estilo estaba naciendo.
Pero, ¿de dónde habían salido estas cámaras? Lomo son las siglas de Leningrandeskoye Optiko Mekhannichskoye Obedinyeniye (en español, Unión de Ópticos y Mecánicos de Leningrado), una fábrica rusa que nació en los comienzos de la Primera Guerra Mundial para fabricar instrumentos ópticos para la armada. En los ´70, la factoría vendía telescopios, equipos para la marina, componentes de cohetes y… cámaras de fotos. “El origen de la cámara tiene un concepto medio comunista. Fueron hechas con materiales muy baratos para que todo el mundo tuviera acceso –reseña Pipy–. Y al ser una cámara económica, con lente de plástico, la estética era berreta y la gente no lo usaba. Ahora remontó como algo kitsch.”
Sus componentes y ensamblaje provocan que al obtener la copia algunos resultados no cuadren en lo “normal” y esperado que se obtiene con otra cámara. Las imágenes no tienen una nitidez lograda, se forma un oscurecimiento en forma de círculo negro hacia los bordes (en la jerga, viñeteo), las filtraciones de luz dan diferentes efectos, y se pueden lograr imágenes superpuestas disparando sin haber corrido la película. Hoy hay modelos: panorámicas, con flashes de colores incorporados, con lentes súper angulares (ojo de pez) y con más de un lente incorporado.
La tía Holga y sus sobrinos
Photoheerholga es coordinado por el fotógrafo Fredy Heer, quien quiso compartir su pasión por estas cámaras y se fue poniendo en contacto con “amigos” que en un principio no se conocían, pero que compartía la misma curiosidad.
–¿Cómo es el grupo?
Ceci Martínez:–El grupo es como una clase constante. Cada uno experimenta con la cámara desde su óptica y su forma. Es un flash. Es arte que todo el tiempo se está actualizando. Es un grupo donde no hay lados oscuros u ocultos. Por ahí alguien probó superponer un poquito menos y te dio un efecto de no sé qué. Uno pregunta “¿cómo lo hiciste?”, y lo decís. No es un secreto con autor y firma. La verdad es que da la casualidad de que nosotros somos los que más nos vemos y se empieza a generar esa cosa medio de amigos que comparten esa cosa que nos mueve desde adentro.
Pipy Lupindo:–Los loquitos por las fotos somos pocos. No lo podés hablar con cualquiera. Y a veces está la necesidad de juntarse con gente que está en la misma.
Florencia Pagano:–Hace que no te quedes estancado. Hay cosas nuevas, planeás hacer algo con alguien. Charlás de esos pequeños inconvenientes o de las cosas que te pasaron. Nosotros no tenemos edad, estamos todos juntos y tenemos un tema en común que nos encanta. Y qué mejor que hablar de algo que te gusta. Es genial, sabés que siempre la pasás bien.
Shavi Alli:–Una de las cosas buenas del grupo es que no se encasilla en la lomografía estrictamente ni en la fotografía purista, sino que da lugar a todos. Si hay alguien que dispara por disparar y, aunque a mí no me gusta, está bien que los dos podamos convivir sin que sea una cuestión estructurada.
–¿Qué les llamó la atención de estás fotos?
F.P.:–Lo inesperado y el tener que esperar. Tardás uno, dos, tres meses en terminar un rollo. Te olvidás, después revelás, y tenés la sorpresa, lo inesperado. Te olvidaste de correr el rollo y se te superpusieron dos fotos y quedaron geniales. Todo es un conjunto de cosas que esta cámara te permite y que quizás otras no.
Mariela Bú:–Lo incierto: la cámara tiene una estructura que te permite obtener resultados diversos. Nunca sabés bien cómo va a quedar la foto. Yo por lo menos no estoy esperando el momento justo.
P.L.:–Lo mejor es que todos tenemos historia detrás de alguna foto. Es como querer complicarte un poco la vida meterse con estas cámaras.
C.M.:–¡Además, Holga es como una prima!
S.A.:--Una tía.
A veces sus amigos preguntan por ella como si fuera una persona, como si tuviera vida propia. La idea de que lleve un nombre no es para nada descabellada si se tiene en cuenta que muchas de las características de las fotos surgen del azar y de las características de cada cámara. Photoheerholga está asociado con la lomografía y comparte con este movimiento uno de sus atributos más importantes: la experimentación. Sin embargo, el grupo no funciona como una “sucursal” más y al citar algunas de las máximas que figuran en el decálogo lomográfico, como “actuar rápido”, “no pensar”, “disparar desde la mano y no desde la cámara”, los miembros del grupo toman diferentes posturas. Shavi es tajante: “Para mí el grupo Photoheerholga no es Lomografía. La lomografía es otra cosa”.
Sus colegas admiten una escala de grises, pero coinciden en la regla número uno: “Lleva siempre la cámara contigo”. Es decir, estar siempre preparado para hacer fotos, en cualquier momento para poder disparar, hacer de la cámara una parte del cuerpo, del ojo un instrumento para mirar, y de la fotografía un estilo de vida. Su pequeño tamaño, su peso liviano y que no necesita lentes, facilitan la misión del fotógrafo. “Yo creo que lo interesante es no encasillar. Lomografía, no lomografía. Es fotografía. Punto”, sentencia Shavi. “Una Holga sale lo mismo que un kilo de bola de lomo”, compara Pablo para intentar establecer una relación entre las cámaras y el movimiento.
El mentor
Shavi, quien hizo solamente un rollo con Holga, admite que no hubiera sacado fotos con esta cámara si no hubiese sido por Fredy Heer. “Yo me siento casi afuera porque soy muy nuevo en lo que es la fotografía Holga. Y los escucho a ellos y es la tribu de la Holga. Como toda tribu, uno siente que hay alguien, un cacique, que armó una choza y todos vamos ahí. Y ese cacique es Fredy”. Fredy Heer es un fotoreportero con más de treinta años de profesión. Aunque la primera Holga la compró en Nueva York en 1997 no la usó mucho, hasta hace uno o dos años atrás cuando una alumna lo animó a hacerlo. Se fascinó tanto que empezó a traerlas desde China, y de ahí al grupo.
Tres sillones, una banqueta y varios fondos sin fin enrollado por encima de la puerta. El estudio de Fredy ocupa la habitación delantera de su casa en un tercer piso de la avenida Scalabrini Ortiz, o la Canning de los porteños melancólicos. Un cocker café con leche deambula entre las plantas, los libros, las pinturas y las fotografías y cámaras de todo tipo, mientras Fredy coloca tres de sus fotos hechas Holga contra el sillón. El Mercado de las Pulgas, un club de barrio y un paisaje marplatense inmortalizados en forma cuadrada, blanco y negro, montados sobre cartón.
–Pero… ¿fueron sacadas con Holga?
Fredy Heer:–Sí, sí, todas. Lo que pasa es que algunos sacan con Holga así todo… con doble exposición y cosas así… Y yo saco más derecho. En la muestra voy a poner una foto que hice con la cámara vieja, que es igualita, solamente que no tiene algunos detalles. Pero sí le entraba más la luz. La Holga a la que no le entra luz no es Holga, y por eso estas fotos no parecen de Holga.
La fotografía de Fredy es más purista y menos experimental. Las imágenes en blanco y negro tienen un contraste perfecto, así como la composición, mientras que la luz tiene la medida justa, una nitidez perfecta. En resumen, hay una intención y un resultado buscado. De lo inesperado, nada. Entonces, ¿cuál es la razón de usar cámaras Holga? “El objetivo es la imagen. Yo hago un retrato, si lo hago con la Holga o con la digital no importa. ¿Te gusta la foto? Y bueno, qué te importa con qué está hecha”, explica el fotógrafo.
–¿Qué le permite una Holga?
F.H.:–Permite meterse en un mundo de no disparar inútilmente muchas fotos. Yo tengo amigos que trabajan en France Press. Y van a la casa de gobierno y de golpe sacan 500 fotos en una reunión de Cristina (Fernández), y de golpe tienen una foto linda de ella, con una morisqueta. Y digo: “¿La viste?”. “No”, responden. La gente no piensa más porque como saca tanto le parece que alguna va a salir linda.
Un proyecto sin límites
Fue el espíritu viral contagioso de Facebook por el que el grupo comenzó a expandirse hasta contar con cien integrantes. Una muestra a mitad de año, una próxima que tendrá lugar el 1° de diciembre próximo y, como si fuera poco, también un libro. Lo que en un comienzo fue algo pequeño, poco a poco fue creciendo. Dejó de tener un tinte más casero y, por el boca en boca, dejó de ser algo de unos pocos locos para ser el interés de muchos. “El grupo está en un momento en el que para pueda seguir adelante se tiene que transformar en un colectivo donde no sea sólo uno el que lleva la mochila sino que haya varios que lleven la mochila juntos”, analiza Shavi
–¿Qué pueden adelantar de la exposición?
F.H.:–En la muestra no hay curadores. Vienen ponen la foto que quieren, cuanto mucho me dicen “che, cuál te parece”, pero no quiero ser el rey. Soy un apasionado. Empecé en el ‘64 y no dejé nunca. No voy al baño sin una cámara, si tengo que pasear al perro a las 7 de la mañana llevo la Holga. Y digo “mirá si hay un muerto en la calle, un auto antiguo…. no concibo la vida sin una cámara”. Aquí nadie paga más que la copia que hacés.
Son pocos los lugares –casi ninguno– donde los fotógrafos apasionados por este tipo de fotografía pueden reunirse. Mientras que el Malba reclama la exclusividad de la marca Lomografía, restringiendo los usuarios, el grupo está abierto para que cualquier interesado pueda hacer su aporte y servirse de las contribuciones de los demás. “Hay una movida re fuerte con estas cámaras. El otro día iba en el subte –cuenta Ceci– y un chico sacó su Diana. Hay un interés real y por ahí estaría bueno que estemos nucleados.”

