Fotografía gentileza de Liliana Cepeda
Buenos Aires, agosto 4 (Agencia NAN, 2010).- “Ahora me toca a mí”, sentencia Liliana Cepeda, bailarina, maestra y coreógrafa. Pisó los escenarios durante mucho tiempo y ahora los mira desde abajo. Habla de que es ella la que tienen que “generar espacios”. Sin embargo, ese pedido de permiso, que más que eso es una toma de posición, es una manera de calzarse las mediapuntas y caminar directo hacia donde las luces escénicas más bañen su cuerpo. Ese lugar es, hoy, su función de creadora y organizadora del Festival de Invierno Buenos Aires Endanza, que mañana inaugura su segunda edición, cuyo eje central ubica en un verbo: Compartir. “Compartir el trabajo, compartir experiencias, compartir puntos de vista. La movida necesita que nos conozcamos”, sentenció antes de invitar a Agencia NAN a buscar en su propia historia de amor con la danza, las razones y motivos que le encendieron la lamparita y la pusieron en movimiento para levantar el festival. Para generar espacios.
Obsesa de comunidad, fóbica a la soledad, Cepeda explica por qué apoya en ese verbo, todo el sentido del proyecto que sigue construyendo. Rearma con las letras del “compartir” una herramienta que le permita “romper con la investidura de aislamiento que recubre a la danza contemporánea. Necesitamos un ámbito que nos contenga”, remarca. Cuenta, principalmente, desde la propia experiencia, ya que hubo un momento en su camino como coreógrafa en el que Cepeda ese ámbito le hizo falta. “Entonces lo creé”, resolvió como si decirlo le hubiese costado lo mismo que tomar el impulso entonces, varios años antes. Es que si bien el primer Festival de Invierno Buenos Aires EnDanza fue en 2009, la idea le empezó a zapatear en el cerebro mucho tiempo antes. Cuando no aguantó más la “no-unión”: “Me sale hacer esto porque no entiendo la danza aislada del mundo y porque me gusta mucho agrupar, me gusta sentir que seamos una masa, que ser bailarín sea algo colectivo”, apunta la coreógrafa que “colectivizará” a bailarines, directores de cine, docentes y fotógrafos que trabajan con danza contemporánea cada jueves de agosto, a partir de las 15, en el Teatro Beckett.
Entusiasmada con su cruzada, Cepeda explica que el aislamiento del contemporáneo opera en dos frentes: desde el ámbito público que rodea a la disciplina, pero también desde las entrañas propias de la movida. “Se trata de la cultura de un país que no está dedicado a la danza. En Dinamarca, ser bailarín es ser un laburante más. Acá, te definís como bailarín y te preguntan de qué trabajás”, sentenció con el paso de la charla. Tras un repaso fugaz por el “muy bajo” presupuesto del Estado argentino para la cultura, “casi ínfimo para la danza”, la coreógrafa se relaja en la total independencia de su propio proyecto. En esta edición, el festival no cuenta si quiera con el auspicio del Gobierno nacional, que había declarado la versión inaugural “de interés cultural”: “Este año ya no lo fui a pedir. Tenía que gastar demasiado dinero en carpetas. Preferí dedicarlo al festival directamente”.
Después del descanso, la nostalgia aparece en las palabras que la llevan a los 70′, cuando arrancó como bailarina y “el ímpetu fomentado desde el sector público, era muy fuerte. Pero los espacios se fueron cerrando y “la potencia murió en las décadas siguientes –como toda otra potencia creativa en aquellos tiempos –. Ahora vuelva a avivarse el fuego gracias a los más jóvenes”. Cepeda se vuelve sobre sí, retoma de los recuerdos las razones, los valores y metas que sostienen al Buenos Aires EnDanza, y concluye: “Yo estoy en edad de generar espacios. Cuando yo bailaba, había alguien que los generaba. Ahora me toca a mí”.
Ese ahora engloba tanto el hoy, a horas de la inauguración de la vuelta del festival, como varios años atrás, cuando empezó a jugar su turno. La convocatoria, tal como la que permitió diseñar la primera edición del Buenos Aires…, se apoyó en la difusión virtual. Pero la ola de propuestas fue mucho mayor, y no solo trajo creadores nóveles, sino que “lo distinto fue que quisieron sumarse compañías de más trayectoria. Es como si el proyecto hubiera ganado solidez”, analiza Cepeda, que repasó cada uno de los audiovisuales que los deseosos de participar le enviaron.
Aquí, entonces, transcurre la lucha contra el otro frente de ataque del aislamiento; ese que carcome fronteras adentro. Para Cepeda, las piezas que se ubican dentro del Contemporáneo “exhiben una postura de soledad que se alimenta de una característica particular que tienen los creadores de la disciplina, que es el personalismo”. La coreógrafa reconoce que se trata de un arte de vanguardia y, como tal, según su propia definición, aislado: “La vanguardia no se caracteriza por la unión colectiva de aquellos que la están construyendo, sino que tiene más ese dejo de creación solitaria –describió– La palabra misma lo dice. Contemporáneo es actual; algo que básicamente no se ha hecho. Es lo novedoso, es experimentación, vanguardia”.
Sin embargo, la coreógrafa baja del pedestal aquello que pareciera ser pura creatividad y le encuentra la falla: “En la vanguardia, es como si cada creador creara un nuevo lenguaje, pero ¿cómo se comprenden esos lenguajes si no se ven, si no se está abierto a recibirlos, a recrearlos?”. Las pinceladas con las que dibuja el Contemporáneo a quien quiera pararse frente a su cuadro toman de la paleta a la danza clásica, “madre de todas las danzas”, para colorear una convivencia pacífica. “Se trata de una batalla equivocada la que enfrenta el Clásico con el resto de las disciplinas. Se cree que tienen orígenes distintos, cuando en realidad todas las danzas académicas nacen del Clásico. Por creer que provienen de lugares antagónicos, se acepta que una pieza clásica pueda ser interpretada por cuanta compañía o solitario tenga ganas; el Lago de los Cisnes, por ejemplo. Mientras que eso está prohibido en el Contemporáneo –explicó la coreógrafa–. No se comprende que el recrear la pieza, el cambio de escenarios, de espacios, le permite a la disciplina vivir, seguir existiendo en la historia”.
El objetivo de armar un rompecabezas diferente de la disciplina en cada encuentro, el fin último de ese “compartir” radica en aportar sendero virgen a la danza contemporánea para que siga creciendo, en alimentar con oxígeno a ese fuego ya que, desde su visión, “si no conozco lo que hace mi compañero no puedo avanzar en lo mío. En el Contemporáneo no hay referentes porque existe una especie de negación a seguir los pasos de alguien”. Su análisis acerca del campo de la disciplina que ejerce, en la actualidad desde la docencia y la creación, grafica una realidad en la que seguir al otro parecería ser una “sumisión imperdonable”, no compatible con la creatividad, con la originalidad, con lo nuevo.
En ese sentido, cuando Cepeda habla de conocer lo que el otro hace para avanzar en lo propio, propone una continuidad en el sentido contrario a lo que hoy percibe: “No es apostar a la misma fórmula, todo lo contrario. Las actividades que crecen son las que no se limitan a una sola rama, a un solo sendero». Y no sólo está hablando de mover el cuerpo al son del ritmo –cualquiera que existe sobre la tierra; todos se pueden bailar–, ya que su espíritu de abrir el juego integra en el Festival de Invierno a docentes que dictarán talleres de afrocontemporánea, terapia escénica, psicodanza, elementos no convencionales, discurso musical e imagen; a audiovisuales que formaron parte del Festival de Videodanza de Buenos Aires, organizado por Silvina Szperling y a otros tantos cedidos por el Instituto Goethe; a las fotografìas de Antonio Fresco.
“La danza no es sólo el momento de la función –acentuó Cepeda–. Hay gente que filma danza y genera construcciones audiovisuales en base a ella. Hay quienes dan clases. Hay quienes trabajan con las imágenes que ofrece la danza”. Para eso, la coreógrafa metió a las obras en vivo dentro de un contexto que normalmente no se ve, no se conoce, se niega, y por no tener visibilidad, parece inexistente, con el objetivo de generar un espacio de circulación no sólo entre los coreógrafos que trabajan en Contemporánea, sino también entre otras experiencias relacionadas con la danza que contengan otro plus”.
*Todos los jueves de agosto en el Teatro Beckett, Guardia Vieja 3556