Mujeres de fuego y de nieve del pincel de Georgina Joaquín se reúnen en el Centro Cultural de la Cooperación y detienen el tiempo en “homenaje” a la belleza: “Belleza en torno a todo lo que representan: maternidad, contención, familia, casa, trabajo”, enumera la pintora. Alejada de una postura feminista, afirma que sus doce retratos no aluden a “mujeres que forman parte de las grandes luchas sociales, sino a luchadoras desde otro lugar”.
Por María Daniela Yaccar
Fotografía gentileza del CCC
Buenos Aires, marzo 11 (Agencia NAN, 2009).- El arte abunda en definiciones sobre lo femenino. Quizás la más sincera es la que dio precisamente una mujer: para Clarice Lispector, ese sexo es “el más ininteligible de los seres vivos”. Definición ambigua, sí, pero esencial sin ser pretensiosa. En doce rostros curtidos y morenos, Georgina Joaquín retrata las profundidades del universo femenino y, particularmente, del latinoamericano. Mírennos Mirar, la muestra que presenta en el Centro Cultural de la Cooperación (Avenida Corrientes 1543) con entrada libre y gratuita, prueba que difícilmente algo de la mujer se vuelva inteligible. Quizás sí el misterio que comporta el instante, ya que los cuadros parecen pequeñas fotografías tomadas de la vida cotidiana. Mujeres que abrazan a sus hijos, que trabajan, que cocinan o que, sencillamente, piensan. “La temática es cómo la mujer mira su propia realidad desde actividades comunes y silenciosas”, explica Joaquín a Agencia NAN.
Que un cuadro logre construir una historia en la mente de quien lo observa –ya sea en términos de arte conceptual o abstracto– es un hecho interesante. Los cuadros de Joaquín representan tan fielmente ciertos momentos que las líneas del pasado, presente y futuro se bifurcan para que el espectador no sólo no se quede afuera de la interpretación –como sucede tantas veces, sobre todo con el arte plástico–, sino que se haga la propia. La gestualidad de esas caras dice algo de sacrificio, trabajo, cansancio; también de alguien que vive, siente, ama, sufre. Justamente, la expresión de las mujeres de Joaquín es lo que sobresale por sobre un fondo que actúa más bien como atmósfera, con los aires latinoamericanos que entregan los tonos cálidos: marrones, amarillos, ocres y naranjas; “colores que remiten a la Pachamama y a la naturaleza”. Incluso, que sean retratos titulados con los que –posiblemente– sean los nombres de sus protagonistas refuerza aquello de la invitación a crearse una historia: Miranda Herrera, Rosina, Janaína, Magdalena.
Joaquín, que trabaja como secretaria para Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, cuenta con sorpresa cómo uno de sus cuadros motivó lecturas que ella no esperaba. Se trata de Magdalena, un óleo con collage que muestra a una mujer que tiene en sus manos, ubicadas en su zona genital, fotografías de personas a las que parece abrazar. “Las Madres lo entendieron como si esos personajes fueran sus hijos. En realidad, ese cuadro nació en mí como algo lúdico, tal vez con la idea de que tenía que ver con el lugar de la mujer en la sociedad. Pero siempre termina de interpretar la gente. Así es como se cierra una exposición: con la mirada de los demás”, reflexiona Joaquín. Si bien no está dividida en series, la muestra presenta obras bien distintas que podrían agruparse, tanto por los materiales empleados como en términos de lo que se ve. Óleos simples, técnicas mixtas y collages que dan vida a mujeres claramente argentinas –con la tez bien morena e incluso con ropa de estampados norteños– y a otras que abren la puerta a la ambigüedad, sin poder ser ubicadas en un estrato cultural.
“No quise hacer una crítica social ni mostrar a las mujeres en una postura política o social determinada”, aclara Joaquín. Cierto: lo suyo está lejos de ser un mensaje feminista, no es eso lo que emanan sus obras. Pero la elección de los personajes retratados tiene una intención evidente, sobre todo si quien ve la muestra luego cruza la 9 de Julio y se topa con un retrato gigante de Mirtha Legrand que inmediatamente le despierta asociaciones. “Claramente no son mujeres de un nivel social alto. Y tampoco forman parte de las grandes luchas a nivel social, son trabajadoras y luchadoras desde otro lugar. Quizás porque cuando hay necesidades concretas, resolver lo inmediato acaba siendo la necesidad. No obstante, creo que desde su lugar pequeño construyen, contienen, enseñan, alimentan y dan vida a todo lo que las rodea”, explica la artista.
Joaquín aclara, sin embargo, que la no inclusión de rubias o mujeres urbanas –éstas últimas, potencialmente más plausibles para tildar a una muestra de reivindicación de la mujer en esta época, por eso de salir de la casa y llevar el pan a la par del hombre– fue una mera cuestión de “afinidad”. “No fue algo discriminatorio. A veces uno se identifica con los sectores más pobres. Podrían haber estado.” Aunque parezca mentira por la certeza de sus pinturas, ella nunca estuvo en el norte argentino. Trabaja sobre la base de fotografías que encuentra o de modelos en vivo que le permiten trazar las posturas de las mujeres. “No viajé porque no tuve la posibilidad. Ojalá lo haga. La verdad es que retratar mujeres fue muy natural. Antes hacía abstracción y de a poco fui definiendo algunas formas femeninas, apareció un rostro y terminé haciendo mujeres”, cuenta. Sobre los materiales, reconoce sus esfuerzos –a veces truncos– de jugar con la naturaleza, que para formar parte del arte tiene sus exigencias. Janaína, por ejemplo, está hecha con trozos de corteza de palmera, que en una danza desordenada, revolotean su cabeza como si fuesen cabellos.
Profesora de pintura egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano, Joaquín, de 36 años, comenzó a bucear en el mundo femenino en 2005. Desde ese momento, no abandonó la tarea y suma 40 obras sobre el mismo eje. Expuso sus cuadros en diversas ciudades, siempre en centros culturales. Las que más recuerda son las que ofreció en el C. C. Intendente Heredia, de Caseros, y en el Concejo Deliberante de Morón. “Entraba gente que iba a trabajar o a hacer trámites. Es un ambiente distinto al de las galerías, que son más inaccesibles. Los centros culturales son lugares por los que pasa gente que se desacostumbra a ver arte, entonces está bueno que la movilice y reaccione”, concluye. Sobre el propósito de su muestra, Joaquín desliza tímidamente: “Me gustaría que la muestra se tome como un homenaje a la belleza de la mujer, también. Belleza en torno a todo lo que representa: la maternidad, la contención, lo que significa en la familia, como ama de casa, trabajadora. Todo lo que puede hablar de la mujer en sí. Además de decir cosas, estoy mostrando su belleza. La mujer es un objeto de belleza.” Si las mujeres son de fuego o de nieve, como canta Silvio Rodríguez, a las de estos cuadros que dialogan entre sí con sus miradas tan mudas y frescas no les falta ni una pizca de ardor.
* Mírennos Mirar puede visitarse de lunes a viernes de 11 a 20, los sábados de 14 a 23 y los domingos de 14 a 21.