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La revolución de los tambores

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Treinta comparsas participaron en el décimo aniversario de la Llamada del Candombe del 25 (de Mayo) en Tolosa, memoria festiva de la “sangre negra” de la historia.  Fotografía: Verónica Sarrió

Por Ana Laura Esperança

“El candombe tiene eso: une a un pibe que se hizo en la calle y a un profesional en la misma comparsa. Atraviesa estratos sociales, es el grito de libertad que te da el tambor”, dice el percusionista Claudio Braga. Su comparsa, La Minga —una de las que cuenta con mayor historia en La Plata y que tiene base en el barrio Meridiano V— es de las primeras de la décima edición de la Llamada del Candombe del 25 y acaba de terminar su ronda para dar lugar a la siguiente de la grilla. Claudio está transpirado, tiene puesto un traje verde, amarillo, negro y plateado, los colores de su comparsa. Un colosal tambor-piano cuelga todavía vibrante de su talí. El sonido de los tambores que vienen detrás empieza a llegar como aviso de una estampida segura. La voz de Claudio aumenta el volumen y mientras habla su mirada enfoca una imagen carnavalesca: detrás asoman La Rosa Negra, comparsa de Avellaneda, y más allá La Revuelta, de Ensenada. Banderas gigantes de distintos colores flamean en un cielo sin nubes. Las bailarinas anticipan coreografías al compás del tamboril. Sus vestidos van variando de comparsa en comparsa pero siempre expresan la gracia de un estilo que evoca el desparpajo de las vedettes: medias de red, sandalias de taco aguja, plumas, coronas de lentejuelas, brillantina y, sobre todo, ganas de destrozar la calzada bailando al ritmo que pulsan palo y parche.

“Lo esencial de este encuentro es destacar el trabajo en equipo de las comparsas. Es un homenaje a eso. Yo creo que lo de los diez años es una consigna para festejar esto que nos pasa: una comunidad que tiene una energía muy positiva reunida por el tambor. Los tambores nos dan esa sensación de romper cadenas y a la vez de pertenecer. Y el quid de la cuestión es la integración: acá no nos diferenciamos por comparsa; más allá de que cada uno pertenece a una y tiene cariño por sus colores, hay un respeto y una unión entre candomberos que está buenísima”, asegura Claudio, entre emocionado y orgulloso de ser parte de un movimiento cultural que cada vez congrega más adeptos.

Algunos adjudican el crecimiento exponencial que tuvo el candombe durante estos diez años a una moda. Otros entienden que esta danza negroafricana reivindica una fiesta del pueblo. Pero todas las miradas confluyen en el respeto a un sentir popular que se enuncia a sí mismo como una forma social de ser independiente. “Nunca tuvimos apoyo de nadie, salvo el trabajo a pulmón de los candomberos de acá, de La Plata, que organizan esta fiesta convocando cada vez más comparsas de todo el país”, dice Joao de Souza, uruguayo de nacimiento, platense porque la vida lo trajo a estas costas. Joao lleva décadas viviendo en la Argentina, es afrodescendiente y hasta hace poco bailaba en La Cuerda, primera comparsa de la ciudad de La Plata y fundadora de La Llamada del Candombe del 25, en 2005. “Nos querían mandar a hacer el festejo a Punta Lara, ¿pero cuántos iban a ir hasta allá? Por suerte, pudimos hacerla acá. Todo esto es trabajo de los candomberos, no recibimos ningún tipo de ayuda oficial”, concluye mientras se acerca al fuego de su comparsa, que está templando tambores antes de salir, cuando el sol ya se empieza a poner.

La calle 3 de Tolosa es la ruta del desfile. Las comparsas van abriendo la huella. No hay automóviles, sólo tambores, banderas, cientos de personas deleitándose ante el espectáculo. Se venden panes rellenos, choripanes, empanadas y pastelitos. Algunos toman cerveza o chocolate caliente. La mayoría, termo en mano, toma mate. La gente se apiña en los cordones de la calle y estudia los rápidos movimientos de los tocadores como queriendo descubrir de dónde salen esos poderosos sonidos de métrica afro. Los fotógrafos se confunden entre gramilleros, “mamas viejas” y enormes banderas que envuelven a algún curioso cuando regresan de su paseo por el aire. Todos quieren aprovechar la poca luz natural que queda para retratar cada parte de la fiesta.

El trazo de la calle 3 entre la 522 y la 528 es uno de los segmentos más antiguos de la ciudad. Cerca de la zona de las cien casas, en la que existen callejuelas y edificaciones añejísimas. Desde la posta de salida en el barrial Club Villa Rivera hasta la calle 528, las comparsas van luciendo tambores y toques con distintos dibujos y colores. Cada una tiene un fuego encendido para templar los parches. Pese a que la temperatura de la fecha patria es agradable, cuando el sol baja el frío se hace sentir. Detenerse un rato cerca de las llamas puede ser una buena decisión.

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No hay automóviles, sólo tambores, banderas, cientos de personas deleitándose ante el espectáculo. Fotografía: Verónica Sarrió

Entre fuegos artificiales y el permanente repiquetear de los tambores, Ricardo, un bailarín afrodescendiente que personifica a un rey en La Cuerda, hace un repaso histórico sobre el 25 de Mayo: “Los ejércitos de San Martín, Belgrano y Rosas fueron también una conjunción de negros. Los negros regaron con su sangre los campos de batalla para que este país sea libre”, explica las razones de haber elegido para el festejo esta fecha patria. Y agrega: “Los afrodescendientes logramos hacer un proyecto de ley después de 174 años para la cultura afroargentina, que se festeja en la provincia de Buenos Aires el 11 de octubre. Hace un año pudimos federalizarla. Pero estamos atrasados: todavía no podemos lograr que la Dirección General de Escuelas bonaerense agregue a la currícula capítulos de la historia de los negros en la Argentina. La ley está, ahora hay que efectivizarla”.

Ricardo comprende, no obstante, que la Llamada de Tambores del 25 es mucho más que eso. Para él es también la apertura de un gran abanico histórico y cultural que hay que recuperar. Considera que tiene mucha importancia en el país porque de a poco se va rompiendo la invisibilización. Se lo ve feliz, entregado a la participación del evento mientras se prepara para desfilar en su traje de rey afro: corona y traje rojos, combinados con negro, naranja y amarillo, los colores de su cuadro. En un rescate que busca fortalecer la memoria viva de la cultura afroargentina, el rey de La Cuerda cuenta que este universo que es el candombe, cuya primera prohibición por decreto real de orden española en el país data de 1716 (se castigaba a todo esclavo que se encontrara batiendo el parche y golpeando la madera por las calles de Buenos Aires con doscientos azotes más trabajo complementario), hoy es la legítima expresión de un pueblo que valora la libertad y puede expresarla. “Cuando empezamos en el año 2000 con La Cuerda tuvimos muchos inconvenientes para generar un espacio. Empezamos atrás del Colegio Nacional y nos quisieron sacar con un amparo judicial”, recuerda sobre los tiempos en los que, aunque de otra manera, el candombe todavía era un movimiento que no terminaba de encontrar legitimación social y cultural. Hoy, las comparsas se multiplicaron. El candombe del 25 es la prueba que se suma a un encuentro nacional con fecha en octubre en diferentes provincias, congregando a más de setecientos candomberos del país y de Uruguay.

Para esta programación se citó a todas las comparsas al temple de tambores a la una de la tarde del domingo 25. Con espacio de 10 minutos de diferencia entre comparsas, el baile empezó a las 14 y convocó a treinta grupos: La Rosa Negra, Guarilo, Kimba, La Revuelta, La Minga, Afro Raíz, Yumba, Curimbo, Oieloó y Colgados del Tali, entre otras. De Uruguay vino La Tribu, por ejemplo. Uruguay es importantísimo en el mundo del candombe. “Los maestros están en Uruguay, vienen mucho a dar clases, a enseñar. Tenemos con ellos una relación de hermandad que es increíble. Está sedimentada por el tambor y el fuego, dos grandes elementos de unión”, señala Ricardo. También participaron Ibira Pita, África Ruge, La Cumparsa, Lonjas 932, Candombe Hormiga, Idelé Candombe en Familia, Bantú, La Candela, Mwanamke-mbe, Candombe Magdalena, I Yakerere Laikelen, Mburucuyá, La Cuerda, Tambores Tintos, La Chilinga, Irala y Eribó. Cerraron El Rejunte y Lunayembé.

La Llamada empezó de día y terminó de noche. Fue una fiesta que le puso banda de sonido a las calles de Tolosa. Varias de las comparsas que conformaron las 30 de la grilla participaron por primera vez: algunas tienen un año de vida, otras apenas tres meses. El bastión candombero de la ciudad ya pasó por su festejo de 25 de Mayo número diez. A partir del lunes pasado, comenzó entonces un nuevo año para seguir sumando tambores chicos, pianos y repiques al festejo que vendrá.

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