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Aprendiendo el amor en The Cavern Club.-

La joven compañía LovingClown! se nutre del absurdo y el ridículo para poner en escena una historia que habla de encuentros, anhelos y la búsqueda de un amor correspondido. La obra dirigida por Alejandro Talarico propone un claro ida y vuelta con el público.

Por María Luz Carmona
Fotografía gentileza de LovingClown!

Buenos Aires, mayo 15 (Agencia NAN-2012).- La noche del miércoles era fría. Por el patio del Paseo La Plaza corría un viento fresco que se colaba entre las capas de la ropa, daba escalofríos y ponía la piel de gallina. Era casi medianoche. Sin embargo, valía la pena esperar porque pronto las risas le darían calor a todo el cuerpo. Es que del otro lado del vidrio, LovingClown!, una joven compañía independiente de payasos, estaba preparando las narices rojas para una nueva función de Aprendiendo el amor, su nuevo espectáculo de humor para adultos. Una vez adentro de la sala, se percibía una calidez encantadora. Sonaba de fondo “Seguir viviendo sin tu amor”, de Luis Allberto Spinetta. De a poco, el público fue entrando en clima y con la combinación de las luces y los sonidos crecían cada vez más las expectativas. De pronto, la música dejó de sonar y Rosita, una payasa que llevaba guardapolvo blanco, salió a escena, para dar la bienvenida a los espectadores. La muchacha se presentó como la “maestra del amor”. Y no resultó ser una maestra como cualquier otra. Ella se dedica a unir parejas, a enseñar todos los secretos para atraer y conquistar al amado o amada, a besar apasionadamente y, por supuesto, a hacer triunfantes declaraciones de amor.

Así comienza esta obra, dirigida por Alejandro Talarico y protagonizada por Florencia Markdorf (como Rosita), Brian Bitchik (como Oblongo), Melisa Yedlin (como Yulay), Alicia Ursul (Murga) y Carla Facciorusso (Vigencia), que a través del humor, la sensibilidad y la simpleza -características de la técnica clown-  abren las puertas de su maravilloso universo amoroso. Aprendiendo el amor es una puesta que habla del encuentro, del anhelo y de la búsqueda de un amor correspondido, del amor que se busca y se encuentra. De la unión de las almas.

En la obra, los personajes se esfuerzan por aprender a amar. Y para lograrlo toman disparatadas clases y atraviesan absurdas situaciones, de las que el público participa y es cómplice, ya que la ruptura de la “cuarta pared” genera un vínculo cercano y directo entre el payaso y el espectador. Desde el comienzo, “la maestra del amor” interactúa con el público y propone un juego. De esa manera se genera un diálogo divertido, desestructurado y flexible entre las partes, que van moldeando al hecho teatral. La dirección, a cargo de Talarico, es clara y a la vez dinámica porque da lugar a las intervenciones de los espectadores, pero sin cambiar el rumbo de lo que se quiere contar.

La iluminación y la música, en manos de Luis Levy, son fundamentales porque marcan, a lo largo de la obra, los distintos colores y climas. A la vez que acompañan los sentimientos que atraviesan a los personajes. Además, la música que se utiliza para recibir al público es agradable y cálida. Y genera un buen clima en la sala. Durante la función, las melodías acompañan correctamente a los personajes, en cada situación. El vestuario es divertido, disparatado, ridículo y bien clownesco. La vestimenta de cada personaje marca su personalidad e imprime su impronta. Por ejemplo, el vestuario de Oblongo, que consiste en una bermuda, remera y medias rayadas y unos tiradores, le da un tinte aniñado y simpaticón, pero él ya no es un niño, sino un joven que se está iniciando en la sexualidad. No se necesita, para provocar carcajadas y divertir, más que un buen grupo de actores, en crecimiento, como lo son los LovingClown!

* La última función de Aprendiendo el amor se presenta mañana a las 22.30 en la The Cavern Club, del Paseo La Plaza, Corrientes 1660. Para conocer más sobre la compañía LovingClown! entrar a www.lovingclown.com.ar