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la familia fernández fierro

fiesta autogestiva del tango

Especial Tandas Nuevas para NaN

 

En Buenos Aires agosto es el mes del tango. No importa que el día del tango sea el 11 de diciembre. En agosto proliferan los festivales de tango por toda la ciudad. La mayoría se construyen en torno al circuito de milongas, alguna clases magistrales de bailarines y una o dos orquestas que reviven los éxitos de la era de oro del género. Todos tratan de capitalizar el influjo turístico que —se supone— llega con el Festival y Mundial oficial del gobierno porteño. Y ahora hay un festival más, uno que hace hincapié en los músicos, en el tango que se compone y se toca hoy, y que parte de la autogestión como premisa. Es el Familia CAFF —o FA CAFF, a secas—, que se realiza en el Club Atlético Fernández Fierro (Sánchez de Bustamante 772) y comenzó el jueves. Se extenderá hasta el 26 del mes siempre de jueves a domingo.

 

El FA CAFF es una bestialidad. Es pura potencia y presente tanguero: 40 grupos/orquestas, exposiciones de fotografía, la participación de una conocida feria editorial independiente, una disquería de bandas autogestivas montada ad hoc, una muestra de relicarios de León Ferrari, transmisión en directo de cada jornada por la radio del CAFF. Además, todos los músicos que participan arriba del escenario también colaboran en la puesta, sea atendiendo la boletería, haciendo de anfitriones, cubriendo la barra o lo que toque cada vez. Y los que no, igual se acercan a apoyar la movida.

 

 

En ese sentido, la primera jornada fue una síntesis impecable tanto del espíritu del festival como del presente artístico del género y su compromiso con la coyuntura. Prácticamente todas las bandas y oradores del primer jueves reclamaron por la aparición con vida de Santiago Maldonado, llamaron a votar contra Mauricio Macri y la alianza Cambiemos en las PASO del domingo y pusieron distancia del trato de los funcionarios de cultura porteña hacia el género. Tanto fue así que el cantante y compositor Alfredo Piro fue uno de los presentadores de la velada y destacó especialmente la importancia de que los músicos se den a sí mismos y a su público su propio festival… mientras su padre abría oficialmente el Festival de Tango de Buenos Aires.

 

“Estoy usando una remera que me dieron en la sede de Córdoba de Abuelas y dice ‘todos te estamos buscando’, debería ser una frase retrospectiva, pero hoy todos lo estamos buscando y usando esa palabra de mierda: desaparecido”. La declaración fue doblemente significativa, pues quien la pronunció fue Ignacio Montoya Carlotto (nieto recuperado de Estela Carlotto), quien se acercó al piano del FA CAFF para tocar a dúo con el guitarrista Daniel Rodríguez. La dupla fue una máquina de clásicos del género, con un abordaje muy elegante, más bien “de conservatorio” y sólo en versiones instrumentales.

 

Desde lo artístico, la primera fecha del FA CAFF convocó al Cardenal Domínguez —un cantorazo que suele ser invitado de Acorazado Potemkin— junto a Hernán Reinaudo, que abrieron con un set de canciones criollas bello, poblado de milongas lentas y cadenciosas. Además de la voz enorme del Cardenal, esa parte de la velada que tuvo un momento sublime cuando el propio cantor cedió el escenario para que Reinaudo interpretara un tema de su autoría junto a la talentosa violinista invitada Gemma Scalia.

 

 

El costado folklórico del tango, sumamente importante en sus orígenes, tuvo otro momento de afirmación con la participación de Marián Farías Gómez. La cantante, una gloria del folklore argentino, incursionó hace poco en el tango, un género que le llegó por su madre. “Cuando empecé a cantar si uno hacía folklore tenía que ser provinciano, pero en verdad soy solo mitad santiagueña y para mí el folklore de Buenos Aires es este”, comentó. Además, hubo una participación de dos bailarines (Andrea Hammerschmidt y Adrian Bernal) que interpretaron una zamba y un malambo con boleadoras.

 

La intervención de Montoya Carlotto fue la tercera de la noche y lo siguió la presentación del platense Sexteto Murgier, recientes ganadores del certamen Tango sin fin, que subieron al escenario del CAFF por primera vez. Su pasaje fue impresionante. Un grupo hijo de distintas influencias, que conocen profundamente la música que tocan y que conjugan arreglos cultos —los más llamativos construidos en diálogos de los distintos instrumentos con el violinista ruso Alexey Musatov— con el barro más característico del tango orillero. Fue una presentación intensa que alcanzó su pico de emoción con la versión de “Canción para mandinga” (del Gordo Alorsa) con la voz de Lucio Arce, uno de los mejores momentos de la noche.

 

El cierre quedó a cargo de Rascasuelos, una de las orquestas locales de mayor proyección internacional, de fuerte impronta rockera y habitués de festivales de rock en el exterior y de salas prestigiosas como el Carnegie Hall. Los dirigidos por Patricio “Tripa” Bonfiglio ofrecieron un set de potencia arrolladora que hubiera hecho ruborizar a más de una banda del under porteño con ínfulas de heavy metal.

 

La velada se permitió una coda fuera de programa a cargo del guitarrista uruguayo Pardo di Nardo, que se cruzó el charco especialmente para la ocasión y encontró en sus colegas locales los brazos abiertos. Será que el tango, aún cuando no se baila, sigue siendo una música para abrazarse y caminar juntos.

 
Nº de Edición: 1773

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