Un trabajo de tres partes que no solo cubre de punta a punta el país que huele a divertidos y suena a pequeños salititos, sino que además se vale del rocksteady y el ska para homenajear grandes obras de la música contemporánea. Y, claro, siempre está la gran orquesta del gran Hugo Lobo.
Por Luis Paz
Buenos Aires, abril 30 (Agencia NAN – 2012).- Pese a que se trata de una obra fundamentalmente instrumental, Non Stop habla de una manera concluyente. El álbum triple que Dancing Mood editó hace dos cuatrimestres es una realización monumental: 47 canciones que en casi tres horas y media de música repasan la historia del sonido jamaiquino encontrándose con el jazz, el soul, el pop y las bandas sonoras. Un combo que requirió tres años de trabajo durante los cuales el trompetista Hugo Lobo, catalizador de esta orquesta de música de salón ahumado, recorrió los lugares esenciales de la música surgida de las entrañas más pobres de la isla americana, dentro y fuera de ella. Allí fundó lazos de solidaridad estética con artistas representativos del ska, el rocksteady y el reggae en origen tanto como exportado, abarcando desde el vínculo salsero de Bigga Morrison y el hiperlink ska de Rico Rodríguez y Doreen Shaffer de los Skatalites hasta la oscura barba anglo de Dennis Bovell y los dos tonos de Pauline Black. La cantidad de información contenida en Non Stop es abrumadora. Sin embargo, es su calidad, esa grandiosa interpretación, sencilla, justa y ondera de Dancing Mood, la que devuelve la música como hecho abstraído de toda tradición, geografía y subcultura al centro mismo de este huracán.
Igualmente, una cosa no repele a la otra. Non Stop es un documental sobre la música de Jamaica a la vez que una obra que se vale del rocksteady y el ska para homenajear a una buena cantidad de soberbias composiciones contemporáneas: “Somewhere over the rainbow”, “Wonderful world” y “Georgia on my mind”; Burt Bacharach, Bob Marley, Miles Davis, Sonny Rollins y Duke Ellington. Y uno de sus aspectos más impresionantes es su método de producción: tracción a sangre, orgullo, pasión y gloria; tickets en clase turista y casillas de e-mail; amistad, unión y respeto. Los catorce miembros de Dancing Mood interfieren las señales universales de la música gloriosa para hacerse de un espacio donde reconstruirla, deformarla y apropiársela con ayuda. Bovell, Black, Rodríguez, Shaffer, Winston Francis y Sandra Cross, pero también Damas Gratis, Flavio Cianciarulo, Nicolás Ottavianeli o Maikel de Kapanga. En ocasiones, también una Orquesta Deluxe de vientos y cuerdas con nueve violines y cuatro violas, dos cellos y contrabajos, flauta, oboe, corno y clarinete.
Es un trabajo, salvando las distancias, equiparable a aquella caja triple de rocksteady de Trojan, pero realizado por un grupo de músicos del culo del mundo que se comporta autogestivamente con resultados de los más grandes: un grupo que por las suyas montó espectáculos con más de setenta músicos en el Gran Rex, llenó un Luna Park, publicó dos discos y un DVD en vivo; además de todas las iniciativas de Hugo Lobo, central para la música independiente del milenio nuevo, que van desde la curaduría en su ciclo El Club del Lobo hasta la instrucción a niños y jóvenes a los que no les sobra el mango. Eso sin olvidar su intrépida trompeta y todo el aire contenido en esos pulmones-para-cuerpo-de-un-metro-noventa, que a menudo dibujan en el aire firuletes de una gracia notable, ajustándose al estándar sólo lo necesario y construyendo desde la nada que los grandes músicos saben ver en las estructuras de una nota, un paseo o un timbre.
El suculento banquete es entregado a toda máquina y, a la vez, en velocidad crucero: otro de esos misterios que entraña la obra, que además incluye un par de aportes firmados por Lobo que aparece entre la apertura “Non Stop” y el instrumental “Toto”, dedicado a Gerardo Roblat, músico de Los Fabulosos Cadillacs y uno de los percusionistas más grandes del país, fallecido en marzo de 2008. Como todo manual abierto, a Non Stop puede dársele prácticamente cualquier uso: simple entretenimiento, notable fuente de conocimiento, oráculo de la alegría, la calma o la tempestad.
