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Festival Hermoso en Ciudad Cultural Konex.-



Dos bandas, un dúo y dos orquestas se pusieron al servicio de la canción y protagonizaron un festival que tuvo como fin dar a conocer a artistas que transitan por un carril alternativo al de los grandes festivales y medios. En todos ellos, la canción es amplia y da lugar a muchos sentidos.

Por Sergio Sánchez
Fotografía gentileza de Laura Wohlgemuth para Radio Colmena

Buenos Aires, marzo 20 (Agencia NaN-2013).- El domingo, la canción estuvo de fiesta. Julio & Agosto, Los Hermanos McKenzie, Lucy Patané & Marina Fages, Pequeña Orquesta de Trovadores y Shaman y los Pilares de la Creación se pusieron al servicio de la canción y protagonizaron la primera edición del Festival Hermoso. La propuesta se realizó gracias a la (auto) gestión de un puñado de bandas, solistas y orquestas que coinciden en una búsqueda estética: una canción urbana, acústica (o electroacústica, según el escenario y el auditorio) y con una impronta folklórica. Y con una urgencia en común: la necesidad de encontrar un público potencial y dar a conocer a artistas que transitan por un carril alternativo al de los grandes festivales y medios. De esta forma, la tarde fría del domingo dejó una hermosa sensación: que la canción popular argentina goza de buena salud de la mano de las nuevas generaciones de músicos independientes. Si bien hay aspectos para profundizar y mejorar, el panorama es más que alentador.

Shaman, una suerte de emblema del under, fue el encargado de abrir el festival. A base de una voz grave y experimentada, las canciones con aires western del grupo dejaron el terreno listo para las propuestas más nuevas. De hecho, luego vino el dúo de charangos integrado por Fages y Patané, un proyecto que nació este año con el objetivo de sacar un disco y girar en agosto por Europa ¿Qué decir de estas muchachas? Son dos jóvenes promesas que además comparten otros proyectos: el grupo El Tronador y la disquería Mercurio, además de tocar por separado en múltiples bandas. Esta vez, en el escenario, mostraron su nuevo desafío musical. Las chicas se colgaron sus charangos y empezaron a experimentar con ellos. Acompañadas por el McKenzie Nacho Czornogas en teclado y guitarra, iban y venían por el camino de la canción. Era imposible no remontarse al noroeste argentino. Pero esa sensación se cortó con la bellísima “Líneas doradas”, a cargo de Fages en voz y guitarra. Muchos se quedaron con ganas de escuchar más canciones de Madera metal (2012) pero la cosa terminó ahí.

A diferencia de festivales organizados por grandes marcas, era notorio el clima de comunión y solidaridad entre las bandas. Si bien había un horario para cumplir, cada propuesta musical tuvo su espacio y nadie corrió detrás del reloj. No había teloneros ni músicos estrellas. Todos estaban en la misma línea. Y eso también se transmitió al público. De hecho, músicos y público se mezclaban y cruzaban en la multitud. En una cartulina gigante cualquiera podía dejar su huella. Es que no sólo hubo música: también hubo lugar para las artes plásticas y la animación. Los integrantes del taller El Sendero del Espíritu Libre dejaron volar sus pinceles y Chimiboga demostró a través de una animación bizarra su gran llegada a los jóvenes. Debido a las posibilidades y accesos que posibilitó Internet, esta generación de artistas se considera multidisciplinaria. No sólo se abocan en la música, sino que se ocupan de todas o casi todas las tareas que se desprenden de ella (como el arte de los discos, la fotografía o la prensa) y desarrollan otras artes. De hecho, Marcelo Canevari, bajista de Julio y Agosto, y Fages son artistas plásticos. De fondo, el escenario vestía con un bosque pintado por Fages.

Más tarde, cuando el frío comenzaba a golpear, llegó el turno de Los Hermanos McKenzie, una propuesta muy rica encabezada por Cecilia y Nacho Czornogas. Sin duda, un mérito de ellos es la originalidad de su sonido. No se parecen a nada. O, quizás, suenan a muchas cosas. En su música, cabe el pop, el rock, el folklore y una fuerte oscuridad circense. Vale la pena verlos en vivo. Es más: todas las propuestas ganan en vivo. No es lo mismo escuchar a La Pequeña Orquesta de Trovadores o a Julio y Agosto en estudio. No sólo porque sus discos tienen un par de años y crecieron musicalmente, sino que la instrumentación orquestal (vientos y cuerdas) que utilizan es más disfrutable y amigable en vivo. Los Trovadores, por su parte, buscan que el público baile desde el primero hasta el último tema, ya sea con una cumbia o un jazz. En tanto, los músicos de Julio y Agosto se sienten como en el living de su casa, sin importar si tocan para 20 o 300 personas (como sucedió el domingo en el Konex). Lo suyo es el humor. Disfrutan como nadie el ida y vuelta con el público, el chiste cómplice. Se burlan de ellos mismos y hacen de eso un recurso imbatible. Pero eso no empaña lo musical: al igual que sus compañeros de ruta, ponen por delante la canción, el arreglo y la melodía. En todos ellos, la canción es amplia y da lugar a muchos sentidos. Y eso, se percibe. Al final de la fiesta, los músicos de todos los ensambles bajaron del escenario y tocaron y bailaron codo a codo con el público.