Matías Salinas
Hace casi una década que Ignacia Etcheverry persigue viajes a través de sus canciones. Con influencias que van desde Charly García a Spinetta, pasando por Björk, Radiohead, The Police y Daft Punk, entre otros, su versatilidad como artista le permitió girar por Argentina, México y Europa adoptando distintos formatos: a veces junto a otros músicos, otras sólo acompañada por su guitarra y voz.
Militante del libre acceso cultural y los derechos colaborativos, en 2007 editó de manera independiente el EP Mis Manos, unipersonal de ADN pop con un pronunciado acercamiento a la música electrónica. Cinco años después —con la producción artística de Fico Piskorz de Massacre—, se nutrió de una impronta más rockera a lo largo de los ocho tracks que conforman Salta, su primer disco.
En la antesala de Alud, su nuevo trabajo discográfico, Ignacia revela los entretelones del proceso de grabación, adelanta lo que será la presentación en sociedad del disco a comienzos de Noviembre y comparte su parecer sobre la escena musical independiente actual. “Ser individualista no te va a hacer mejor en lo que hacés”, aclara de movida.
La lluvia cae en loop en el atardecer de la ciudad de Buenos Aires. A excepción del escritorio donde reposa la notebook, el living del departamento casi no posee muebles: los espacios son ocupados por guitarras, un garrahand, el piano y algunos sintetizadores. Mientras el agua del mate toma temperatura, el ambiente se ilumina a través de una guirnalda de luces cálidas que se complementa con los colores de los origamis que parecen estar suspendidos en el aire.
—¿Por qué “Alud”?
—Es el nombre que se le da a este grupo de canciones, es una metáfora. Es algo que sale desde adentro y avanza. Algo implacable que arrastra con todo sin importar el tiempo, la plata ni los recursos. También se refiere a que algunas de las letras barren con un montón de cosas que tienen que ver conmigo.
—¿Como cuáles? ¿De qué hablan estas nuevas canciones?
—Algunas son conversaciones que tengo conmigo misma. Surgen como descargas de cosas que me pasaron, pero me las ingenio para contarlo de tal manera que otro pueda sentirse identificado. Me gusta y me entretiene inventar esas alegorías. En este disco conviven temas como “Agua” y “Alud” —que son canciones de amor— con otros como “Curandera”, que compuse un día que estaba muy triste y empecé a hablar arriba de una secuencia de acordes. También “Pantalla”, que cuenta una historia y por eso es más narrativa, literal y urbana. A su vez, hay otros que toman mucho protagonismo, “Entrenar” es una canción que tiene una transición armónica en la mitad que es re power.
Alud está plagado de artistas invitados: Florencia Ruiz, el Mono Fontana, Paula Maffía, Miguelius, Marilina Bertoldi, Pipi Piazzolla, Gimena Alvarez Cela de Milhojas y Valentina González. Cada uno le aportó un color distinto a este disco cargado aires de los ochenta y en el que predominan los sintetizadores. En efecto, Florencia Ruiz toca la guitarra en “Hacia el Mar”, el único track que tiene guitarra. “Me pintó, tampoco fue una autodirectiva”, dice Ignacia ante la ausencia de su instrumento insignia en este nuevo disco. Sobre la experiencia de trabajar con el Mono Fontana en el estudio La Siesta del Fauno, la admiración y el entusiasmo se disparan: “es infinito, una locura, fue irreal lo que pasó cuando vino a grabar”.
—¿Por qué volviste a trabajar con Federico Fico Piskorz —guitarrista de Massacre— como productor artístico?
—Me siento muy cómoda trabajando con él porque es un productor que intenta siempre interpretar lo que vos querés decir. Mete mano pero desde un lugar muy humilde y de priorizar al artista: la voz del disco tiene que ser del artista y no del productor. Nunca nos interesaron los parámetros comerciales, siempre me moví en ámbitos muy unders y tampoco estuve en una gran discográfica. Eso te da una libertad y soltura zarpada.
—¿Sos exigente con lo que hacés?
—Soy super exigente y nerd con lo que me apasiona, aunque no creo que haya un status de exigencia para eso. Lo hacés lo mejor que podés porque es tu pasión y sale así. Le dedicás todo el tiempo de tu vida y te metés en un montón de deudas y bardos de horarios para hacer eso. Con este disco estuve conectada minuto a minuto. Sé que me falta un montón por aprender, pero también siento que le puse tanto de mí que quedé muy conforme.
—¿Qué te gustaría generar con tu obra?
—Siempre admiré de Björk eso de no caretearla. Es importante ser auténtico y estar conectado con uno mismo. Si vos estás conectado con vos mismo lo que sale es super real y eso le va a llegar al otro. De una manera u otra, pero le va a llegar.
Las licencias creative commons consisten en ofrecer algunos derechos de la obra a otras personas bajo determinadas condiciones —que pueden combinarse en sí— pero siempre reconociendo la autoría del intérprete original. Esto no significa que no tengan copyright, sino que abren el juego para que a través de una obra se generen otras. Tanto Mis Manos como Salta están subidas a Internet bajo estos derechos colaborativos y Alud no va a ser la excepción, a pesar de que haya algunas propuestas discográficas dando vueltas. “Espero que no sea un impedimento, a esta altura de mi vida no puedo ir para atrás con eso, prefiero quedarme afuera de la estructura una vez más: es mi única militancia y granito de arena en las cuestiones de desigualdad cultural y de acceso”, plantea al respecto.
—¿Por qué elegís compartir tu música de esta manera?
—Me parece importante que la cultura y la información sean libres y para todos. No puedo liberarlo sin licencia creative commons porque es una obra generada en mi país, con músicos a los que admiro muchísimo y en la que mucha gente me ayudó. Si esto yo no lo devuelvo y lo libero, es cualquiera. Lo que uno hace lo tiene que poner en Internet y que sea de uso libre para todo el mundo. No tiene sentido para mí otra cosa.
—¿A qué te hubieras dedicado si no hubieses sido música?
—Cuando terminé el colegio empecé tres carreras a la vez: el conservatorio de Morón, el CBC de Antropología y Bellas Artes. Me gusta dibujar y mi viejo lo hacía muy bien. De chica me iba a la terraza con un libro que él me regaló sobre cómo delinear figuras humanas y me quedaba dibujando durante horas.
—¿Cómo ves la escena musical independiente actual?
—Viene siendo uno de los mejores momentos desde hace rato. Hay mucha data, músicos increíbles y un despertar de la “despomelización” por parte de los artistas. Cuando yo arranqué había una especie de competitividad infundada en la que pasaban cosas ridículas en relación a eso. Esa idea —muchas veces alimentada por los medios de comunicación— de que para que te vaya bien le tenés que pisar la cabeza al otro es mentira. Un artista no es mejor o peor que otro. Justamente estamos haciendo algo que está muy lejos del exitismo. Ahora está pasando un poco menos porque artistas más grandes y mainstream recomiendan bandas under. Es el caso de Eruca Sativa, por ejemplo: no es estratégico, es espontáneo. Tienen seguridad en su obra artística y hay que estar seguro de tu obra para darle una mano al otro.
El jueves 3 de Noviembre a partir de las 20 horas, Ignacia presentará oficialmente Alud en Niceto Club (Av. Coronel Niceto Vega 5510, Palermo) junto a Milhojas como banda invitada. En el escenario la van a acompañar Pedro Bulgakov en batería, Leo Costa en teclados, Fede Novak en bajo y un quinto integrante que aún prefiere no revelar. Aunque la idea es interpretar los trece temas del disco nuevo en vivo, no descarta que pueda llegar a haber alguna sorpresa preparada. Además, anticipa que “va a ser un show de música electrónica con muchos sintetizadores y distintos planos sonoros, muy ecléctico y divertido”. Un tiempo antes, el álbum también estará disponible en Spotify y otras plataformas digitales para su acceso libre, gratuito y colaborativo.
Nº de Edición: 1651