Por Luis Paz.
Buenos Aires, junio 10 (Agencia NAN).- “Mirá que yo me voy mucho, eh”. El periodista, advertido, prepara el grabador. El que avisa es Koreagod, el alter-ego de Diego Ginóbili. O Diego Ginóbili, el alter-ego de Koreagod. La diferencia es muy pequeña y no responde a la relación persona/personaje, sino al manifiesto que lanza minutos después, sacándose una medialuna de manteca de la boca: “Yo tengo mi vida, mi trabajo, mis amigos y mis cosas; si hago música es porque me gusta”. Entonces, existe un Diego Ginóbili con 27 años, trabajo, amigos y ganas de hacer música. Y que las satisface como Koreagod, ni más ni menos que un nombre, una marca, un antifaz con el que se propone no mezclar los delirios del ambiente musical con su existencia. Bajo esa postura, a comienzos de mes lanzó a la venta Down a conciencia, su primer larga duración oficial, en forma totalmente independiente y autogestionada.
“En el disco, mi nombre no figura porque no busco fama, no busco que la gente me conozca”, le dice a Agencia NAN, retorciéndose en la silla para ver las nalgas ajustadas de una chica con chupines, prenda fetiche de la avenida Santa Fe. Es que Koreagod ya es bien conocido en el entramado reticular de las redes sociales: de Fotolog a Facebook, pasando por Purevolume, MySpace y YouTube!, supo apropiarse de las nuevas herramientas virtuales y utilizarlas para difundir su música. Pero, aún frente a tanta exposición, pocos han visto sus ojos: sus fotos lo muestran de inmanentes lentes oscuros. Muchas veces, combinados con un short naranja de Ferrocarril Oeste.
“Si subo fotos mías es para demostrar que hay una persona, pero la metonimia de la imagen funciona en forma cada vez más extendida, cada vez más se define parcialmente a las personas”, evalúa, más resignado que melancólico. Y sabe sobre imágenes: además de haber estudiado administración de empresas, es publicista recibido y productor asesor de seguros. Tres profesiones y una más: se tomó su primer disco tan a pecho que le dedicó prácticamente todo su tiempo libre. Y se debe aclarar que “primer disco” es una figura que responde a los pedidos del mercado: la edición. Porque si se trata de álbumes en tanto obras, es su onceavo, de una discografía que ocupa 17 CDs y alberga ¡1356 temas!
Las conclusiones de Koreagod son tan categóricas, que uno termina convenciéndose más allá de las argumentaciones: “Siempre hay un mozo que se llama Carlitos, a todos les digo Carlitos, y este Carlitos es medio pelotudo”. Carlitos o no, pelotudo o no, el mozo se acerca y es momento de apretar “REC”.
– Hace diez días lanzaste tu primer disco oficial, pero hace dos años que esos temas están rotando en cuanta plataforma virtual exista, lo que generó una suerte de culto hacia lo que hacés. ¿Por qué decidiste editarlo en forma autogestionada, pudiendo chapear con eso?
– Mi nombre ni siquiera figura porque no busco el estrellato. Fue sin querer que se transformó en algo de culto. Me llamaron de una discográfica para que les tire el master y encargarse de todo. Me dijeron: “Te rotamos, te hacemos conocido”. ¿Pero qué va a hacer un sello por mí si ya lo hice todo solo? Les dije: “Ah, ¿sí?, ¡cuánto trabajo te voy a dar! ¿Yo te mandé algún mail, una carta, demo, algo?”. Y me dijeron que no, que me habían contactado porque buscaron bandas argentinas en MySpace y el mío tenía muchas visitas. Pero eso lo había creado yo solo. ¿Me iban a dar 10 millones por el master? No, entonces ¡chau!
– La mayoría de los músicos hubiera aceptado sin dudar…
– Yo soy mi propio Mambrú. Muchos de los que quieren vivir de esto ni siquiera se preocupan. Yo no soy del palo y me cuesta todo el doble, pero no me aporta nada un sello. Al menos no los que me contactaron. Esos no me iban a dejar armar mi circuito de distribución, no me iban a permitir este arte de tapa ni armar un disco con este concepto del Down a conciencia.
– Ahora, ¿en qué momento desarrollás el concepto, el arte, cuándo planeás la distribución? No parecés tener demasiado tiempo libre.
– Estoy laburando a full con seguros y mientras iba caminando, o en la hora del almuerzo, fui a Sadaic, hice el registro, arme el arte, pensé los videos. El arte de tapa es un bardo, estuve diez horas probando colores y, en simultáneo, tapado de laburo. Después tenés que ir a ver si hacés digipack, si elegís que los discos sean clonados o seriados. Hay pocas casas en el país que te los hacen seriados, como pide Sadaic. Y todo eso hay que coordinarlo, entonces no duermo o duermo una hora por día, pero no porque me quede limando, sino porque mientras roto el primer corte en mis sitios termino con la distribución.
– ¿No te quema eso, aunque no te quedes limando, como vos decís?
– Sé que no elegí la más fácil de todas. Soy amigo de muchos músicos pero no tengo tiempo y mi vida pasa por otro lado. Sí, quedás hecho verga: mañana tengo psicólogo a las siete de la mañana, voy a esa hora porque si voy a las ocho de la noche es como agarrar el paco. Tengo una hora de viaje por el camino inverso al que hago para ir al laburo, después para ir a trabajar son dos horas, porque desde mi casa tengo una. Salgo de laburar a las siete, llego a casa en una hora y voy terminando lo que me queda por hacer. Pero lo disfruto.
– ¿Y qué te lima sin que lo disfrutes?
– Hubo una consigna que hicimos una vez cuando estudiaba publicidad, había que hacer un anuncio que fuera trasgresor. Todos eligieron forros o bebidas. Yo hice una publicidad de empanadas, nadie lo podía creer. Pero cuando vas a una agencia tenés que poner una mina a la que se le marquen las tetas en su remera con la marca del yogurt. Eso me hace mal a la cabeza.
– ¿Tu disco hubiera vendido más con un par de tetas en tapa que con una cebra psicotrópica?
– A mi no me seduce vender mucho o estar en Musimundo, la gente que va Musimundo manosea discos y no da vuelta más de tres para ver cuántos temas trae. El comentario es “¡qué bien que anda el aire acondicionado!”. Yo voy por un circuito paralelo que me inventé yo también, no me lo armó nadie.
– A ver, ¿cómo sería ese circuito?
– Hay lugar para mí pero también un ida y vuelta con amigos o gente de confianza. Básicamente, se vende en comercios amigos. Supongamos: vos tenés una casa de remeras o sos luthier. Para mí la más fácil es tirar los discos en Mercado Libre y fue, pero te paso cincuenta discos a vos que sos mi amigo. Así, tengo un par de lavaderos, un playón de construcción, un buffet en un colegio, un centro de cosmética donde se vende el disco. El punto de venta gana cuatro veces más que yo: va alguien a comprar el disco, ve tus remeras y usa la plata en el disco y después va a comprarte una remera o capaz se lleva tu remera y mi disco se queda ahí. Yo vendo un disco solo, vos capaz vendiste cinco remeras. No soy Peter Pan ni el Hada Mágica de la Felicidad, por eso va para amigos y el resto va a Mercado Libre. Los sellos, por más chicos que sean, lo iban a poner donde ellos quisieran.
– Primero las concesiones: la distribución que armaste es muy original y noble. Pero eso no quita que podrías haberle dado más difusiçon a tu música al firmar con un sello…
– Todos piensan en el jet-set y a mí eso me chupa un huevo, la gente me conoce, yo no entro setenta mil veces a mis sitios. Por algo, también, me llamaron esos sellos. Pero si yo renuncio a mi laburo y me dedico a Down a conciencia, con un sello y a salir a tocar, puedo hacerlo dos años. ¿Y después?
– ¿Y, entonces, cuál es tu intención con todo esto? Se entiende el ímpetu artístico, pero ahora te pregunto yo: ¿y después?
– Me gustaría dedicarme a esto, pero tengo noción de la realidad. Si hace cinco años me metía, con Internet me iba al carajo. Laburo en seguros y estoy bien, pero me gusta la música. Entonces, me rompo el culo y hago una cosa y después la otra. Como diría Fernando Peña: “Ser border es esto, no ir a tomarse una línea de merca en una llave al Salón Pueyrredón”. Mi viejo también fue border, iba a la facultad, a ingeniería y se iba a laburar, además de su vida, su pareja, sus amigos. Yo estudié administración de empresas, me recibí en publicidad, laburo en seguros y hago discos, pero no para dedicarme a administrar empresas o a hacer discos, sino para sumar cosas a la cabeza.
– ¡Cuánta lucidez! ¿Y cómo bajás todo eso que está en tu cabeza y lo convertís en canciones?
– Para mí la composición musical es como escribir: todo en una toma. No puedo repetir el mismo tema, pero porque me gusta que sea espontáneo. Si viene tal y me dice “tocalo”, lo saco y lo toco. Pero no me gusta. Meto máquinas, violas, orquestaciones, como me va saliendo. En un tema hay un piano que, como no se puede conectar a la computadora, está grabado con un micrófono de plástico. Puede sonar a aficionado, pero prefiero eso, me parece mucho más digno que estar en Crobar con la guitarrita y una bufanda de cuero haciéndome la estrella. Es una experiencia masoquista, porque no soy del palo, pero tengo muchos años de música encima. Desde que tengo uso de razón no hubo un solo día en mi vida en que no hubiera habido música. Y no música funcional, música puesta por mí.
– ¿Nada de radio?
– No escucho radio y trato de no mirar televisión, sólo miro el noticiero porque sí me interesa saber dónde estoy parado. Y eso que estudié administración y publicidad en una privada en la que mis compañeros pensaban que la gelatina venía hecha.
– ¡Eso no puede ser cierto!
– De verdad.
– Bueno, tampoco te imagino preparando gelatina.
– Preparo gelatina, y pasa una mina y le puedo decir una guarrada, y las digo por MSN o las manifiesto en los temas, no es que me siento en una PC y me convierto en un extraterrestre. Hago una búsqueda y hago esto, pero no es fácil, hay que aguantarlo. En el imaginario está que estoy todo el día fumando faso y nada que ver. Nadie me conoce, es lo que digo de la metonimia de la imagen.
– ¿Y vos qué conocés de los demás?
– Que están obligados a vivir como downs cuando no lo son, que estamos obligados a hacer la fila del colectivo en diagonal o a ponernos en cualquier orden, obligados a escuchar a gente que se queja porque no tiene para pago exacto cuando a 20 metros se ve el cartel que dice “únicamente pago exacto”.
– Down a conciencia, un concepto contemporáneo que acabas de acuñar. Es como un manifiesto de época, pero instrumental. Sin develar la receta, ¿cómo te las arreglás para plantear ese mensaje sin usar palabras?
– Trato de explotar la creatividad, que es algo que no puedo hacer en el laburo. Es comunicación, que tomó la forma de este objeto que es un CD; si era un dibujo o un libro era lo mismo. Para los videos filmé cosas, las edité y las subí. Pero no me lo tomo como un cago de risa ni hacer este disco fue un lecho de rosas. Algunos van a decir “qué loco”, pero no saben que el trasfondo está pensando. No es para que sea bizarro porque sí, pasa por bizarro pero la intención es otra. Vos abrís el disco y no figura ni mi nombre. Es el mensaje.
– The song remains the same, el metamensaje por sobre los nombres.
– Claro, aparte para qué hacer el eje en mí si no voy a salir a tocarlo por el momento. No tengo tiempo ahora, y de última se sabe quién es Koreagod. No quiero meter a nadie en mi nivel de obsesión y por eso tampoco armo una banda. Tiré como fecha de salida del disco abril 2008, hace un año. Y para abril lo tenía. Me encanta la música, pero la verdad es que con esto a fin de mes no pago el teléfono ni la obra social. Estuve un año haciendo esto, mientras tuve ratos, aunque tengo amigos que estudian cine y muchos amigos músicos y lo podría haber resuelto más rápido. Pero eso no importa, acá importa la música.
MySpace:
www.myspace.com/koreagodYouTube!: www.youtube.com/koreagod