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Mujeres Públicas: “Hacemos arte feminista político, urbano, callejero y público”.-

Es la primera organización feminista que trabaja problemáticas de género a través de obras de arte emplazadas en la vía pública. Activismo, arte, creatividad, humor y comunicación son los elementos que conforman la pócima del colectivo, según le explicó Magdalena Pagano, una de las creadoras, a Agencia NAN. “Somos un grupo artístico y político que trabaja problemáticas de género desde una perspectiva feminista general y preferentemente en el espacio público, mezclando el activismo, el arte, la creatividad, el humor y la comunicación.” Recientemente, editaron un libro al estilo Elige tu propia aventura, con un concepto que enfrenta a la “sociedad machista-capitalista”.

Por Ailín Bullentini.

Buenos Aires, junio 13 (Agencia NAN).- Primero fueron afiches diseminados por las calles de Buenos Aires. Luego, stencils y pequeñas intervenciones artísticas sobre las publicidades que suelen empapelar las veredas de Buenos Aires. Le siguieron panfletos, cajas de fósforos y llaveros. Así, de la misma forma en que se cruzan miles y miles de personas en su tránsito diario por la urbe porteña, el mensaje de Mujeres Públicas comenzó a circular: caótica, azarosa, expansivamente. Se trata de obras que abordan, desde el humor, problemáticas de género como el aborto, el modelo de belleza y la elección sexual. “A partir de la organización armónica y estética de elementos en un espacio, armamos cosas divertidas que seducen, para decir algo sumamente pesado, comprometido”, sostuvo Magdalena Pagano, una de las militantes feministas que crearon el colectivo, en 2003. En diálogo con Agencia NAN, explicó cómo nació y funciona el grupo y habló sobre su último trabajo: el libro Elige tu propia aventura; la increíble historia de una cualquiera de nosotras.

– ¿Cómo nació Mujeres Públicas?
– Antes de formar Mujeres, participábamos en grupos que hacían arte callejero e intervención urbana desde una perspectiva política. Cada una, en su camino, fue interiorizándose en las ideas del feminismo y se fue dando cuenta de que los grupos a los que pertenecíamos no abordaban problemáticas de género o lo integraban en temáticas donde quedaba perdido. Al mismo tiempo, nos fuimos dando cuenta de lo cerrado del discurso feminista, que tenía muy poco contacto con las mujeres no militantes, digamos. Y que, además, no había una relación fluida entre el arte y el feminismo. Ahí vimos el agujero que comenzamos a trabajar: aportar al feminismo estas nuevas maneras de expresión que tienen que ver con “ganar las calles” con un discurso mucho más directo. Así nacimos, con una forma de pensar y de actuar en la militancia despojada de la mirada del varón y con una iniciativa completamente distinta al diálogo con la sociedad.

– ¿Mujeres Públicas es un grupo de militancia feminista o un grupo de mujeres artistas que trabajan la temática de género?
– Laburamos desde el feminismo. Somos mujeres artistas visuales que vivimos y pensamos la cotidianeidad desde la cuestión de género. Nuestro arte trabaja la defensa de los derechos de la mujer. Desde el humor: no hacemos teoría, no somos escritoras. Si bien nos despegamos de las organizaciones en las que nacimos como militantes y nos movemos con nuestra propia ley, no perdimos el basamento político. Somos activistas del feminismo. Sin el elemento político no podríamos hacer lo que hacemos, porque nuestra esencia proviene de preguntas políticas acerca de las situaciones cotidianas que atravesamos las mujeres. Si nos tengo que definir como algo, podría decir que somos un grupo artístico político que trabaja problemáticas de género desde una perspectiva feminista general y preferentemente en el espacio público, y en donde se mezclan elementos como el activismo, el arte, la creatividad, el humor y la comunicación.

Magdalena trabaja junto a cuatro amigas: Fernanda Carrizo, Lorena Bossi, Verónica Fulco y Cecilia Marín. Tres de ellas dividen su vida entre Mujeres Públicas y las artes plásticas, o combinan ambas cosas, que vendría a ser lo mismo. Otra es licenciada en Ciencias de la Comunicación y aporta esa veta al grupo. La restante es médica y sólo colabora con el grupo “en condición de feminista”. “La conjunción entre las miradas estéticas, la de la comunicación y la que es totalmente ajena a todo, y a la vez tan miembro como las otras, da como resultado un combo de una llegada muy potente. Esa es nuestra fortaleza”, consideró Magdalena. Impacto y llegada clara a todos.

– ¿Cuál fue su primer trabajo?
– Fue un afiche bastante controversial que trataba sobre el aborto clandestino. Es un dibujo simple de una aguja de tejer y un ovillo de lana en la punta. Debajo de cada extremo de la aguja dos palabras, “escarpines” y “aborto”, y habla de eso que hacen algunas de introducirse la aguja para abortar. Lo pegamos durante una marcha que se hizo en marzo de 2003, en los actos del Día Internacional de la Mujer, en Montevideo y Corrientes. Fue toda una situación, porque nadie de ese mundillo feminista nos conocía y aparecimos ahí y empezamos a pegar los afiches como si nada. No llevaban la firma de Mujeres Públicas, como ninguna de nuestras obras, y eso dentro de lo político tradicional es algo que genera problemas porque la firma sirve para hacer responsable a alguien de un discurso. Nosotras entendemos que no necesitamos firmar para hacernos responsable de lo que decimos, tenemos muchas otras maneras. En ese momento, al no ser conocidas, golpeó fuerte. Incluso una persona de la marcha nos arrancó el afiche, discutimos y todo. Aunque después estuvo todo bien.

– ¿Por qué no firman sus trabajos?
– Sentimos que la firma molesta a la lectura. Y nos interesa que cualquier persona que camina por la calle se encuentre con el afiche y no sepa si está viendo una obra de arte, un afiche político o qué es lo que está pasando ahí. Queremos generar una incógnita y, al mismo tiempo, una relación de cercanía entre la persona y el trabajo, nadie te está diciendo “esto es mío”. Buscamos poner en funcionamiento la dinámica de reapropiación, por lo que no queremos marcar territorio como organización en lo que hacemos. Poner nuestra firma en los afiches, por ejemplo, sería absurdo. Además, sentimos que la relación que se genera con el objeto es mucho más profunda si no está la firma de por medio. En su lugar hemos logrado una estética, conformada por un discurso gráfico muy claro, blanco y negro, con mucha presencia de lo iconográfico, elaborado con materiales baratos, que es lo que nos representa. Eso es un gran logro.

La función artística de Mujeres Públicas es poner en escena algo que no necesariamente es lo que piensan en lo profundo, sino lo que sienten que es “necesario poner en la escena del discurso”, confesó la joven artista. El objetivo que persigue el grupo es que pasen cosas y que se suceda la transformación. “Es buscar el cambio de miradas, en mujeres y en varones”, explicó.

– ¿En qué se diferencia el libro de los otros trabajos de Mujeres Públicas?
– El libro es totalmente distinto, un cambio de modalidad muy drástico. Todos nuestros trabajos anteriores fueron elaborados con una dinámica más ágil; nunca estuvimos más de dos meses con una idea. El libro, en cambio, implicó mucho trabajo durante mucho tiempo y sobre la misma cosa. Además, requiere de otro tipo de tiempo del espectador. Las cosas que pasan con los libros pasan mucho tiempo después. Para nosotras fue todo un shock.

– ¿Por qué decidieron escribir un libro?
– Nuestro laburo siempre fue el mismo: reflexionar sobre una idea y sintetizar las conclusiones en un objeto. Pero llegó un momento en que empezamos a sentir que lo que queríamos decir ya no entraba en las cosas que veníamos haciendo. Queríamos contar cosas que no se podían resumir a ese grado.

– ¿Cuál fue el disparador?
– El caso de Romina Tejerina (la joven jujeña condenada a 14 años de prisión por asesinar a su hija, recién nacida, producto de una violación). Queríamos contar la sensación que tuvimos de que Romina, al igual que muchas otras, estaba atrapada en una red de la que no podía escapar. Las mujeres, en este mundo patriarcal y capitalista, circulamos en una red donde nuestras decisiones son castigadas: nuestra realidad está atravesada por el modelo de la belleza, el aborto, la familia, el mandato de ser madre, la profesión, la elección sexual. Son situaciones que llevan a la mujer a elegir caminos que de ningún modo la salvan del juicio de los demás. Es más, la mayoría de las veces son castigadas. Es imposible reducir eso a un afiche, un panfleto o un objeto pequeño. Al principio se nos ocurrió hacer un juego de mesa, pero abandonamos esa idea por la corta llegada que podíamos tener con algo así. Con un libro tocamos a más personas.

– ¿En qué movimiento artístico emplazarías Mujeres públicas?
– En las vanguardias que invadieron Argentina en la década de 1960, algo muy conectado con el Di tella, con Tucumán Arde. De ahí tomamos la tradición del arte político-urbano-callejero y público. Lo que hacemos tiene un componente del absurdo muy importante, está atravesado por el humor. Ahí hacemos pie, en eso de romper códigos permanentemente. Es una decisión política: hay un momento en donde sólo queda la risa. Porque, a veces, el abordar temáticas tan jodidas desde el humor tiene otra llegada. En el libro eso se ve muchísimo: es agresivo, totalmente incorrecto. Nos reímos de las desgracias de las mujeres, de las gordas, es un delirio. Hacer humor tiene que ver con reírse del otro y hasta de uno mismo, y por eso mismo hay temas que no trabajamos, como la trata. No podemos hacer humor con la trata. ¿Cómo hacés? Es imposible.

Sitio: www.mujerespublicas.com.ar