Por Alejandro Grimoldi
Fotografía de Sofía Lobo
Buenos Aires, septiembre 16 (Agencia NAN-2009).– Las Kellies ya no son un trío: a Ceci (guitarras y voz), Sil (batería y voz) y la británica Julia, alias Betty (bajo y voz) –todas apellidadas Kelly– se ha sumado Sol, con su voz y una pandereta. Y si por casualidad regresase la legendaria J.J. Kelly (ex bajista), que anda probando vida en Berlín, pasarían a ser una orquesta de señoritas. Nada raro, ya que desde que comenzaron hace ya cuatro años, las Kellies fueron siempre chicas buscando divertirse y divertir, ajenas a los rigores y las reglas que suele exigir una banda y con la idea de incluir a todos en la fiesta. «Al principio armamos la banda para cagarnos de risa», admite Ceci. Betty añade: «Nos reímos de nosotras mismas porque sabemos que no tocamos bien. Es una risa que nosotras mismas generamos».
Pero pronto entendieron que se trataba de un chiste importante: «Nos dimos cuenta de que con muy poco podíamos lograr algo. Si bien era una joda, no dejábamos de buscar canciones». Así, lo que en un principio era un mero entretenimiento pasó a ser un proyecto serio para seguir divirtiéndose; como explica Ceci. Porque en definitiva, aunque no se tomen muy en serio lo que hacen, a la vez lo toman “muy en serio”.
Tanto que, a fuerza de voluntad e ingenio, salieron de gira por Europa durante julio, justo después de que salió a la venta Kalimera, su segundo disco. Pasaron por España, Francia, Inglaterra, Holanda y Alemania y el éxito de sus canciones austeras y juguetonas, cantadas en idiomas que van desde el inglés hasta el catalán, fue tal que las convenció de que es hora de abocarse de lleno a la banda. «Después de la gira nada tiene mucha importancia para mí, sólo la música», resume Betty.
«Antes de viajar, tenía miedo porque no sabía si me iba a gustar estar en contacto con la música todos los días, porque no era una prioridad para mí”, relata Ceci. Pero el constante contacto las dejó satisfechas. Con la energía y el optimismoaún presentes, las Kellies hablaron con Agencia NAN sobre sus esfuerzos, sus logros y sus deseos antes de su retorno a los escenarios locales, el próximo domingo 27 de septiembre en Libario Bar. Lejos de cualquie pose, debaten entre ellas cada respuesta.
— ¿Cómo hicieron para armar una gira sin el apoyo de un sello?
Ceci: — Lo conseguimos por mail, Myspace, amigos que te pasan data. No pagamos hospedaje en toda la gira, siempre parábamos en casa de amigos o de gente que no nos conocía y se copaba con la banda y nos daba un lugar. Y a cambio nosotras limpiábamos la casa. Siempre que tocábamos nos ofrecían algo de plata, en algunos lugares nos ofrecían dónde dormir y comida y bebida gratis. Igual, quisiera tener un sello porque es re limante hacer la gira, es mucha frustración, sacrificar un montón. Obvio que vale la pena, pero estaría bueno agilizar un poco más eso.
Sil: — No sé si un sello, pero por lo menos una persona que se encargue de eso. Si el objetivo del sello es la gira, me parece que hay otros objetivos también.
Betty: — Yo me quiero concentrar en grabar y tocar, no quiero tener que pensar cómo grabamos, cómo lo pagamos y todo eso.
Ceci: — El sello también sería para expandir, para darnos a conocer. Quizás en diez años en la loma del culo escuchan las Kellies y yo me cago de la risa porque yo también escucho otras bandas que se tuvieron que poner las pilas para que uno las escuche. Además contribuimos a algo, a la historia del rock.
— Más allá de las risas por tu comentario, esta gira fue histórica a su modo. ¿Qué diferencia encontraron entre el público de acá y el europeo?
Sil: — A la gente de Europa le re cabió, mucho más que acá. Se re coparon, bailaron todo el tiempo. Hicimos que el público francés bailara, que era un desafío terrible.
Betty: — Para mí es un poco decepcionante acá, porque ponés mucho para organizar una fecha e invitar a todo el mundo y cincuenta personas te aseguran que van y después sólo van tres. En Europa pasa mucho menos eso. Encima la primera banda empieza a las siete de la noche y vos vas a estar porque te interesa ver cómo es. En cambio acá sólo van a ver a la banda principal o a la banda de sus amigos.
— Allá les dieron escenario, habitación y comida y hasta quisieron pagarles, ¿acá qué les pasa?
Ceci: — Muy pocas veces tuvimos que pagar por una fecha, al principio. Pero gastamos guita en fletes, en cosas básicas que el lugar no te paga, y nosotras creemos que tenemos que empezar a pedir que nos paguen porque, por ejemplo, nunca vamos a sonar bien sin un sonidista estable.
Sil: — Ni siquiera es guita para vivir, es para solventar los gastos.
Ceci: — Sí, por tocar música estás brindando mucho más que un servicio. Nuestra música hace que el bar genere su plata mientras nosotras perdemos la nuestra en el flete y nos lastimamos la espalda cargando las cosas.
Sil: — Pero si no conseguimos sello vamos a seguir tocando igual. Ya lo pudimos hacer solas, así que lo vamos a poder seguir haciendo.
El proyecto de las Kellies resuena dentro de una corriente de «bandas de chicas» como las estadounidenses Electrocute y ESG y las francesas Pussy Patrol, con quienes compartieron escenario. Si bien podría pensarse en las No Lo Soporto como referencia local, lo cierto es que ellas están en otra sintonía: «No tenemos nada que ver, ellas son más ‘serias’ y nosotras somos más ‘boludas’», dice Sil, y ruega que se destaque que lo dice entre comillas. «En Argentina no tenemos conexión con ninguna, salvo quizás con The Calefons», explica Ceci, si bien aquellas no tienen el perfil cosmopolita distintivo de las Kellies.
— ¿Qué lectura hacen ustedes sobre el “rock de mujeres”?
Sil: — Yo creo que suele ser sumamente ideológico y nosotras no somos nada ideológicas. Las bandas de chicas suelen ser re feministas, siempre tienen algún raye con el género. Están las bandas tipo riot grrrl (género que surgió en los noventas) que hacen bandera contra la masculinidad y, por otro lado, bandas como Electrocute que buscan explotar el género femenino, mostrar mucho el cuerpo y ser sexies en escena. Nosotras no estamos en ninguna de esas líneas, no planeamos nada en ese sentido.
Ceci: — Sí, pero nunca va a haber un varón en las Kellies porque el varón aporta otro tipo de música.
Betty: — Claro, no es porque estemos «en contra» de nada.
— Pero la feminidad está puesta sobre la mesa, ¿en qué sentido la definirían?
Sil: — Va por el lado de la simpleza: agarrar la guitarra y ponerse a hacer solos o tocar a mil la batería es re de pibe. Ese virtuosismo es muy macho, los pibes son re pajeros con el instrumento.
Sol: — Claro, ¡es la pija! (Risas)
Ceci: — El placer de los virtuosos es tocar con ellos mismos.
Betty: — No están compartiendo nada.
— Y ustedes, ¿qué?
Sil: — Nosotras justamente queremos que bailen: desde siempre la mujer tiene algo con el cuerpo.
Sol: — Y algo con la joda. Las chicas nos juntamos y boludeamos. Pero en el fondo también hay una idea de no ser tan femeninas, no queremos caer en la vocecita angelical tipo Entre Ríos, que igual a mí me encanta.
Ceci: — Sí. Yo sé que somos re pibas, a veces parecemos nenas de 17 años, pero siento que por otro lado somos muy rockeras, que hay mucho ataque, es fuerte, es seco y austerísimo. Esa es la idea.
— Compositivamente, ¿hacia dónde se dirigen?
Ceci: — Buscamos música para arriba. Los temas se están poniendo cada vez más bailables. Y ahora en vivo tocamos más rápido.
Sil: — No es tanto de «fiesta» sino de divertirnos nosotras. Es un sentimiento de alegría. Eso es mucho de Ceci, porque nosotras no somos tan así. Ella encara la vida con mucha energía, nosotras no tanto.
Ceci: — Sí, trato de no meterme en la tristeza. Triste no sirvo de nada, no puedo hacer nada. La idea es todo lo contrario: generar una actividad física, algo con el cuerpo. Lo que yo más quiero es lograr que la gente baile, que se mueva y se divierta.
— ¿El proceso de composición está orientado a eso, entonces?
Ceci: — No sé cómo se da el proceso de composición. Creo que es natural, espontáneo, un proceso en el que cada una ya tiene sus gustos y sabemos qué va a aportar. Siempre hay alguna que tiene una letra o una melodía.
Sil: — Tenemos re claro qué nos gusta y qué no. Tratamos de dejar fluir lo que nos gusta hacer con el instrumento sabiendo adónde queremos ir.
Ceci: — Las Kellies es como un montón de cositas pegadas, un poco de miles de cosas de lo que a cada una nos gusta. Lo que sale es una mezcla y no nos ponemos límites.
Ese espíritu en común es el que se ha consolidado en estos últimos meses y el que fortalece y proyecta el momento que están viviendo. «En la gira, todo era las Kellies y funcionaba. Mientras la sigamos pasando así, le vamos a seguir poniendo todo lo que se puede hasta que dé», promete Sil, antes de aclarar que próximamente se mudarán juntas a la Casa Kelly. «La idea es concentrarnos en la música y expandir el mundo musical», añade Ceci, relacionando el hecho con que «la banda está en un momento en el que hay que ponerle mucha concentración y energía, porque si no no va a crecer. Mientras más alto aspiremos, más vamos a conseguir; no sé bien cómo, pero todo lo podemos».
El futuro de la banda tiene varios frentes. Por un lado, un tercer disco, para el cual ya tienen casi listos unos 7 u 8 temas. Por otro –el más próximo–, una gira por el norte argentino, con fechas “bastante seguras” en Tucumán y Formosa, y quizás una en Mendoza. Mientras que la idea es sumar otras en Santiago del Estero o Salta, cuenta Sol. Pero el objetivo más ambicioso –y no por eso menos posible– es un viaje a Japón: «Estamos pensando en hacerlo pero todavía no hay nada concreto. Hay un contacto, cosas pueden suceder. Es una fantasía que vamos a realizar». Teniendo en cuenta sus antecedentes, no suena para nada descabellado.