Con el afán de construir plazas de estacionamiento y espacios verdes, el intendente de Neuquén dinamitó el Anfiteatro del Parque Central, un espacio que congrega diversas expresiones artísticas desde finales de 1980 y que, por falta de políticas culturales, se encontraba en malas condiciones. Autoconvocados, vecinos y artistas se lanzaron a la cruzada de destapar, pala en mano, lo que les pertenece. Un gesto más que simbólico.
Por Guillermina Watkins
Fotografía gentileza de los vecinos autoconvocados
Neuquén, mayo 8 (Agencia NAN-2012).- Y de pronto, un día, el letargo había finalizado. Había razones, claro. Nada menos que el intendente de una ciudad, en su profundo proyecto político con aires tecnológicos y modernistas, decidió dinamitar así sin más el Anfiteatro del Parque Central, que supo congregar a miles de neuquinos durante sus más de veinte años de historia. Pero no se trató sólo de la destrucción de un espacio dedicado al arte –para quienes lo miran de reojo-, sino la destrucción autoritaria de un espacio histórico de la ciudad y que pertenece al patrimonio cultural de toda la sociedad. Comprendiendo el significado de tal vacío, un número enorme de personas se congregó hace ya más de una semana con el fin de iniciar una acción simbólica. Pero cuando de las ideas “chicas” sobra corazón, los grandes proyectos devienen. Y ahí mismo, los más de 300 sujetos, entre vecinos, artistas de todos los rubros y curiosos, decidieron ponerse una meta más grande: destapar ellos mismos el Anfiteatro, pala al hombro, para ponerlo nuevamente en funcionamiento. Lo que comenzó siendo una acción simbólica, terminó convirtiéndose en una de las expresiones culturales (y políticas) más auténticas de los últimos tiempos, sin partidos, referentes, publicidades o modas.
Los jóvenes se auto-convocaron a partir de Facebook, con el apoyo del Consejo de las Artes y la Interculturalidad, y la redada se hizo mucho más grande: además de los proyectos que de aquí se desprenderán a futuro, como el primer Centro Cultural y Popular, muchos aprendieron a organizarse políticamente. A más de una semana del primer acampe, la vigilia se ha mantenido con un fuerte influjo de personas que se suman cada día al desentierro. Sin embargo, desde las esferas municipales, afirman que construirán otro escenario del otro lado de las vías. Pero hasta el momento nada ha sido oficial. El caso logró que todos los concejales de la oposición se unieran para repudiar la decisión del intendente Horacio Quiroga, rompiendo de alguna manera el clima de “armonía” que venía reinando en el recinto desde que comenzó la nueva gestión. Pero siempre se supo que ninguna franja de la oposición –desde la derecha hasta la izquierda conformada por los bloques de Libres del Sur, UNE, PJ, UCR y MPN- es afín a los proyectos del quiroguismo y en la actualidad se encuentran conformando un plan que tienda a “recuperar, revalorizar y poner en funciones el Anfiteatro”. Parecía que el otoño, que todo lo congela por estos pagos, reactivaba la cultura en su gente.
Una búsqueda arqueológica
La imagen que se desprendía luego de la demolición era poco prometedora. Ese espacio, construido a finales de la década del ‘80 para congregar una masa incipiente de artistas en una ciudad que crece a velocidades industriales, había sido derrumbado con el fin de construir 500 lugares de estacionamiento. ¿La excusa?: Era “un juntadero de borrachines, lleno de olor a orín, una covacha”, según declaró “Pechi” Quiroga al diario La Mañana de Neuquén. Sin embargo, durante el verano, dos festivales se realizaron en el predio.
Asimismo, consideró que su decisión -llevada a cabo un domingo a la mañana en horarios en los que nadie circula por la zona- pretende “recuperar un espacio público que era una inmundicia”. Explicó que ese anfiteatro “responde a un concepto viejo”, porque ahora este tipo de escenarios son elevados. Sin embargo, de promover políticas culturales, Quiroga no había anunciado nada. Fue más fácil dinamitar que coordinar, legislar, gobernar y, después, inventar la construcción de “escenarios elevados” cuando en su plataforma política se estimaba destinar esa zona al estacionamiento.
La decisión del intendente, además de autoritaria, violaba más de una ordenanza. En primera instancia, la 8975/2000, que considera que el Parque Central (lugar donde está ubicado el Anfiteatro) y otros monumentos definen la identidad urbana del casco de la ciudad y son parte de la memoria colectiva establecido por sus valores históricos, referenciales y ambientales. Esa misma ordenanza promueve que todas las acciones tomadas desde los gobiernos deben promover su preservación y activación cultural. Asimismo, la 10015 considera que como la ciudad de Neuquén viene experimentando un vertiginoso crecimiento, el concejo sanciona que el gobierno debe propiciar cartelería, iluminación y buenas condiciones de información del Patrimonio Cultural, entre otras cosas.
Por último, rige la 11811, que considera que, como la cultura es una actividad de interés, costumbres y conocimientos, se crea el Concejo para el desarrollo de las artes y la interculturalidad en la ciudad de Neuquén. Este organismo conformado por las diferentes asociaciones de artistas de la ciudad era, junto a los gobiernos, el encargado de promover y organizar actividades culturales que atravesaran las diferentes gestiones y que promovieran participación y construcción de ciudadanía. Sin embargo, a la hora de tomar la decisión de destruir el Anfiteatro, no fueron consultadas. El intendente, “votado por casi la mitad de los electores” le daba, una vez más, una patada a las ordenanzas y no entendía cómo un grupo de pibes se transformaron para darle contexto a algo más que un simple destape: la implementación de políticas culturales que los incluyera a ellos como productores. De esta forma, Quiroga demostró que para él la cultura debe ser decidida en las esferas gubernamentales. Que se legisla iluminando plazas y “prestando” espacios, pero no creando debates profundos y una perspectiva de producción para sus artistas.
Los espontáneos
Diariamente, se sigue sumando gente a la excavada popular que pretende recuperar el Anfiteatro. El escenario aún es incierto, pero la comunidad continúa resistiendo y aunque “el candidato de la mitad neuquina” tome decisiones contrarias, deberá escuchar a parte de su pueblo que se manifestó en contra de su decisión arbitraria. Lucía, docente de arte, explicó que “la idea fue ir y ver qué se podía hacer”. Y destacó que Facebook fue muy importante los primeros días porque permitió que se auconvocaran más de seiscientas personas en menos de un día. Por su parte, Florencia, estudiante de teatro, contó que “todo empezó como algo simbólico para demostrar que había gente que lo estaba usando (al Anfiteatro) y que todavía estaba ahí abajo. La idea fue juntarnos en una especie de protesta. Una vez que vimos el primer escalón no paramos más. ‘¡Guau!”, dijimos. Estaba acá abajo, era verdad”.
Consultados acerca de todo lo que se provocó alrededor de esta convocatoria, sus organizadores dicen: “Todavía no somos muy conscientes de lo que va sucediendo; estamos más en lo cotidiano, en lo que se debe hacer, en el debate, la charla. Vamos accionando en las actividades que creemos que tenemos que hacer”. Y así, todos los días, esta masa crítica de artistas neuquinos va escribiendo otro capítulo más de su historia, casi de manera silenciosa. Pero fundamentalmente, sin dinamitas.

