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cuando la sororidad vence al macho

dilda, dominga feminista

El pizarrón de la vereda de Ladran Sancho convoca: “DILDA – Dominga feminista”. Si lo que no se nombra no existe, si el lenguaje produce sentido, el lenguaje genera visibilidad. La lengua se va adaptando a los cambios que realizan lxs sujetxs hablantes, si en nuestro idioma hay palabras que no poseen su acepción al género femenino, entonces instalémoslas. La práctica le dará su lugar, hasta que, tal vez algún día, se institucionalice, o tal vez no, pero eso no no nos quita el sueño, porque nos gusta andar por los bordes y más allá. Tanto desde el lenguaje como desde la experiencia práctica y las formas sexo-afectivas de relacionarnos, nos enorgullece no formar parte de ese sistema binario que generaliza en masculino y nos niega. DILDA como táctica de liberación del deseo no heteronormado, pesadilla del macho y falo feminizado plácidamente reemplazable.

 

Desde hace nueve domingas por la noche una manada de lobxs feministas se encuentran en Ladran Sancho donde la sororidad se convierte en música, abrazos, risas, amigxs, bailes, cerveza, fanzines y tatuajes. DILDA emerge como territorio de refugio, tiempo y espacio donde la hegemonía del género masculino no existe.

 

“La idea principal del festival es reapropiarnos de un espacio que ha sido históricamente ocupado y protagonizado por cisvarones. La idea de manada, de hermandad, de sororidad son las que se intentan impregnar”, cuenta Eme Romero, organizadora del ciclo junto a Florencia Mazzone. El festival es una respuesta a la necesidad de romper con la supremacía del macho (hombres que se creen superiores a la mujer, todavía es menester explicitarlo) en los escenarios del under y la escena musical emergente, para llenarlo de corporalidades sexo-genéricas no normadas y seducir al resto a tomar la posta y visibilizarse. La música como expresión de deseo y liberación desde el feminismo y la disidencia sexual. “DILDA surge como un espacio necesario en la escena del under, aparece con la fuerte demanda de dar (tener) un lugar en donde puedan tocar, mostrarse, aparecer, protagonizar mujeres y otrxs sujetxs/cuerpos/placeres vulnerados por el contrato hetero-cis-patriarcal”, agrega.

 

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Se destapan las primeras cervezas, mientras DJ Last Beats da inicio a la musicalización de la noche, el escenario oportuno para arrancar con la música en vivo. Paredes que reflejan constelaciones de un cielo violáceo, tatuajes en vivo de Flash Tattoo y fanzines mostrxs-feministas de Ternura Cyborg. Tortas, trans, putxs, transtortas, mujeres listxs para la escucha.

 

Nostalgias de niñez en las visuales que proyectan los clásicos juegos del Family game y acompañan el wave experimental de Lux Raptor. Anulando por completo las barreras del sistema binario de género, Lux afirma: “No discrimino si lxs músicxs son mujeres u hombres, para mí son personas, si me gusta lo que hace es grosso de las dos maneras, da igual si es chica o chico, el ser humano músico ya tiene una cualidad que es súper linda.”

 

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Luego llega Oh Criatura!, dúo de guitarras y voces que desbordan armonías afectuosas, cantan sobre rupturas tortas, mientras suenan xilófono y kalimba electrónica. “No hay muchas bandas de chicas, y es muy poca la cantidad de mujeres integrantes de bandas. Si bien yo soy militante feminista está un poco escindido el mundo musical del activismo, estos espacios de encuentros feministas son muy necesarios, necesitamos que haya más mujeres en los escenarios”, cuenta Mana, una de las integrantes.

 

Hacia el final del festival llegan los sintetizadores, teclados orgánicos y batería electrónica que armonizan las voces de Glass, este trío de chicas asegura que es importante que las mujeres nos involucremos con la música, para que deje de ser un espacio mayormente ocupado por hombres: “Es muy valioso un ciclo donde toquen chicas y que además reivindique el feminismo, porque genera visibilidad y se puede dar un pantallazo de cuán activas están las mujeres en la música, más aún en un ambiente tan machista y hostil para las mujeres como es el rock. Que este festival sea gestionado por mujeres nos da cierta tranquilidad especial porque hay un bullying sutil de parte de los chicos, con los horarios, el orden de presentación de las bandas, el maltrato de parte de los organizadores, la subestimación como artista por ser mujer, etc. entonces es lindo caer en un lugar como este donde sabes que eso no va a pasar” explica Lu, compositora del grupo.

 

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DILDA se convirtió en un espacio de cuidado colectivo que fue creciendo con autogestión, dando lugar a lxs chicxs que se animan a tocar por primera vez, acompañadxs por otrxs más experimentadxs. “En todas las ediciones intentamos que haya alguna artista o banda con más trayecto recorrido al menos en nuestro micro mundo y que comparta el escenario con debutantes o emergentes, y es hermoso ver cómo, sin importar en que estadío estén, todas comparten el mismo germen de lo self-made, de la tracción a sangre. Todas somos productoras de nuestras vidas”, analiza Florencia Mazzone.

 

El próximo domingo 11 de diciembre se llevará a cabo una edición especial de DILDA para festejar fin de año desde las 17 con feria, tatuajes, lecturas, performances, DJ, solistas y bandas en vivo. “La idea es que todxs nos podamos encontrar para cerrar el año con amor, amistad, sororidad y lucha feminista, que nos abracemos y festejemos”, augura Mazzone. Quedan todxs invitadxs a vivir la experiencia DILDA.

 

 

escucha@lanan.com.ar

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